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lunes, 3 de diciembre de 2012

Por qué escribir.

El escribir no es parte de ningún motivo,
la razón ando buscando mientras cruza mi locura,
de mecer mis noches sobre la luz del verso,
de amanecer de una vez en el olvido,

y así encauzo medios para lograr la cura,
la rotura de las vías de este andén de plan difuso,
el vestido que lleva mi musa cuando sale de mis sueños,
el perfume que me inspira cuando lo veo todo gris,
quien da color al sentido de ver solo una razón,
la mirada que me alienta a partir rumbo a París...

Poder seguir así no es fácil, qué ironía,
no duermo ahora de noche
y también sueño de día,
y así embargan mis sueños
el placer de imaginarte,
ardiente melodía,
divagando entre mi verso,
en un rincón perdida,
en algún lugar del universo dónde nace mi poesía.

Sonrisas de cristal y mirada de acero, y del ímpetu del aguacero, su inclemencia en el mar, en la noche un silencio de aguas tibias me invita a soñar, y al mirar de frente a las estrellas se me olvida caminar...

Dicen que vuelan con el tiempo las caricias, su bailar, y su piel fina y blanca, y sus ojos, su mirar... el incienso aroma de plata inventada por dibujos de sal, y se me dibuja entre caladas el humo blanco y solemne de paz... y la armonía se detiene de pronto, y el engranaje acelera mis músculos, en un intento fugaz de andar... y se van mil ocasos y nunca alcanzo ninguno, y se pone el Sol mil veces y me atormenta la Luna... esa figura morena de nariz fina y pequeña y avellanas, que al cantar, oh diosa afrodita, que sea mi musa en su portal.

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