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lunes, 3 de diciembre de 2012

Óxido de Otoño.

Estaba aquí encerrado, en una noche nefasta, un frío quebrantador, un infierno robado, una habitación vacía... 
y me encontré degollado, en un derroche de fiesta, un río de sangre, un invierno matado, una razón que desvía...
y sus labios no aparecían, y eran mi excusa, y aunque ellos ya lo sabían, faltaba mi musa, y no podía bailar...
Y aunque no le seguía, siguió caminando el tuerto por una ladera de sueños, una centena de engaños, que le sostenían... y nunca paraba de andar...

Y así llegó una primavera difícil de imaginar, imposible de olvidar, de tanto dolor que guardaba, y desaparecía como si no hubiera existido jamás...

Porque lo quiso él, en su voluntario asesinato, que no fue suicidio por pura locura...
Y "puta locura" la llamaba él, al ver a una mordedura fatal que le dejó una cruz, en su memoria, sus ojos, su mirada azul...

"Que ya no está", le dice la razón, "que no importa", se convence a sí mismo, en un intento vano de recordar su presencia...
su esencia, la de algunas flores de primavera, de begoñas rojas que saltaban a la vista, en medio de una hondonada de recuerdos que quisieran caer en el olvido, y no sólo tropezarse... como siempre, vida de inmensidad inabarcable, de sueños, de esperanza ilusa, de fracasos desdeñables...

Es el otoño que trae consigo una oxidada presencia de lo que algún día sucedió, en ese verano de playa, de mar, de arena, en el que puse mis labios en los de aquella sirena...

1 comentario:

  1. Gracias por alimentar mi espiritu con tu hermosa prosa.

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