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lunes, 3 de diciembre de 2012

El puto amor.

Un silencio que no quiebre el vacío, una sustancia que no evite el orgasmo, la sensación de ver la vida como si fuera cosa fácil.
Es de ese frío que duele, que marca las venas, que no entiende de alivio ni con el calor de mil labios...
Una soledad inviable, un infierno aparente, una intuición suicida la de querer enamorarse de quien ignora tu locura...
Sigo aquí, ¿recuerdas? Hablo solo con mis ganas de vivir, que me juraron acompañarme siempre y esta noche me fallan.

O quizá sea yo que no quiero escucharlas gritar que aún puedo salvarme si me alejo del abismo.
Algún día me sobraron las ganas de volar, y al siguiente me cortaron esas alas...
Parece como si la gravedad me quisiera asfixiar en esta calle oscura de la vida.
Parece como si mis ganas de soñar hubieran sido condicionadas, una falsa libertad encadenada a un algo que me daba siempre el aliento que me faltaba...

Y amor lo llaman unos, pero cómo jode para ser tan bonita la palabra. La odio... no, la desprecio, que es distinto.
Aunque sería mejor obviarla, asentir a esta vida como si estuviera loca, siendo nosotros los locos manipulados por el destino, el puto destino.

No, no me gusta pensar eso, entonces mi vida no tendría sentido, me limitaría a contemplar su transcurrir desde la comodidad del espectador, cuando nosotros somos los únicos protagonistas.

Pero con el puto amor es distinto.

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