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domingo, 9 de diciembre de 2012

Yo tu barco, tú mi puerto.


La palabra atar tiene mucho sentido. Imagínate que eres un puerto infinito, yo sería un barco amarrado a ti...
Pero mientras tú tienes miles de barcos atados, para mí tú eres mi único puerto.

martes, 4 de diciembre de 2012

Qué prefiero.

Prefiero embadurnarme de arena contigo y que no importe si hace frío, ver de película un desenlace aunque fuera intuitivo, y huir donde solíamos ser nosotros.

No quiero más cielos rotos, quebrándose como en el vacío, odio la soledad del poeta que a su musa debe la vida, y bebe un licor fino de hierbas para calmar el dolor de la sequía.

Así me inspira, y allí aflora lejos, en un lugar de ensueño de sonrisas y azulejos, donde se calma ese vacío que me hace morir por dentro.

En un intento de despejarse se duele mi delirio, y en un momento decide si arrojarse en su martirio, o atreverse a enfrentar al tiempo.

Y lo de siempre, aún más viento y una gravedad asfixiante hacen de este kamikaze un suicida indolente...

Prefiero imaginarte, rescatarte de mis sueños, traerte aquí de vuelta y querernos sin hacer daño, inventarte poemas cortos de significado eterno, y evadirnos de un pasado construyendo así un nosotros.
Prefiero ver en tu regazo mi cielo y que las estrellas sean tus ojos, tu mirada el firmamento.
Prefiero que así sea aunque contemple así drogado los astros de caramelo.
Prefiero invadirte con el arma de mis sueños, hacerte mil inventos y verte dormir al amanecer.
Prefiero ver apoyada en mi almohada aquello por lo que hacia mi ventana suspiré.
Prefiero encontrarte en mis noches de tequila, limón y sal, y que se cumpla mi deseo de ver una sirena del mar.
Prefiero dibujarte, escribirte y susurrarte de mil formas que en mi vida si no eres medio el fin no es importante.

Bueno, quizá si te dijera lo que prefiero nunca más volvería a verte.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Vagando entre andenes.

Un aura fugaz de cristal y efímero como el viento,
heridas inundadas de sal, yo vagando en el metro,
que sea lento este tramo y me deje volar el tiempo,
porque entre sueño y sueño me quedo siempre sin alas,
sin aliento...

Así confundo el deseo con lo que siento,
en un intento inútil de parar al movimiento,
haciendo que se quiebre el cielo y mueran las estrellas,
haciendo morir al silencio y a mis ganas de vencerlo...


Entre andén y andén dejo olvidado lo que me trajo,
y así viajo sin destino por este camino envenenado...
Escuchando en technicolor un braille de agudos,
esnifando la arena del tiempo, encadenado sediento
a un oasis de ensueño, oyendo gritos mudos,
en un éxtasis de cera de una vela que ya acaba de fundirse,
en un sin fin de errores que no hacen más que arrepentirse,
huyendo así de temores, de segundos,
que no buscan otra cosa más que consumir su fuego
en una anoxia irreversible, y así se detiene,
la llama se apaga, muere, se enfría, se hiela,
termina en el vacío en el que algún día nació.

Por qué escribir.

El escribir no es parte de ningún motivo,
la razón ando buscando mientras cruza mi locura,
de mecer mis noches sobre la luz del verso,
de amanecer de una vez en el olvido,

y así encauzo medios para lograr la cura,
la rotura de las vías de este andén de plan difuso,
el vestido que lleva mi musa cuando sale de mis sueños,
el perfume que me inspira cuando lo veo todo gris,
quien da color al sentido de ver solo una razón,
la mirada que me alienta a partir rumbo a París...

Poder seguir así no es fácil, qué ironía,
no duermo ahora de noche
y también sueño de día,
y así embargan mis sueños
el placer de imaginarte,
ardiente melodía,
divagando entre mi verso,
en un rincón perdida,
en algún lugar del universo dónde nace mi poesía.

Sonrisas de cristal y mirada de acero, y del ímpetu del aguacero, su inclemencia en el mar, en la noche un silencio de aguas tibias me invita a soñar, y al mirar de frente a las estrellas se me olvida caminar...

Dicen que vuelan con el tiempo las caricias, su bailar, y su piel fina y blanca, y sus ojos, su mirar... el incienso aroma de plata inventada por dibujos de sal, y se me dibuja entre caladas el humo blanco y solemne de paz... y la armonía se detiene de pronto, y el engranaje acelera mis músculos, en un intento fugaz de andar... y se van mil ocasos y nunca alcanzo ninguno, y se pone el Sol mil veces y me atormenta la Luna... esa figura morena de nariz fina y pequeña y avellanas, que al cantar, oh diosa afrodita, que sea mi musa en su portal.

.

El puto amor.

Un silencio que no quiebre el vacío, una sustancia que no evite el orgasmo, la sensación de ver la vida como si fuera cosa fácil.
Es de ese frío que duele, que marca las venas, que no entiende de alivio ni con el calor de mil labios...
Una soledad inviable, un infierno aparente, una intuición suicida la de querer enamorarse de quien ignora tu locura...
Sigo aquí, ¿recuerdas? Hablo solo con mis ganas de vivir, que me juraron acompañarme siempre y esta noche me fallan.

O quizá sea yo que no quiero escucharlas gritar que aún puedo salvarme si me alejo del abismo.
Algún día me sobraron las ganas de volar, y al siguiente me cortaron esas alas...
Parece como si la gravedad me quisiera asfixiar en esta calle oscura de la vida.
Parece como si mis ganas de soñar hubieran sido condicionadas, una falsa libertad encadenada a un algo que me daba siempre el aliento que me faltaba...

Y amor lo llaman unos, pero cómo jode para ser tan bonita la palabra. La odio... no, la desprecio, que es distinto.
Aunque sería mejor obviarla, asentir a esta vida como si estuviera loca, siendo nosotros los locos manipulados por el destino, el puto destino.

No, no me gusta pensar eso, entonces mi vida no tendría sentido, me limitaría a contemplar su transcurrir desde la comodidad del espectador, cuando nosotros somos los únicos protagonistas.

Pero con el puto amor es distinto.

Reloj de pared.

Recuerdos oxidados
y un intento fugaz de crecer,
convirtieron al pequeño iluso
en un reloj de pared,
pendiente del tiempo y no de mecer,
aquella sonrisa de hielo,
aquel blanco amanecer...

Esos labios de cera que se derriten en su piel,
esa mirada de guerra, ese poema en papel...

Su cuerpo es poesía física, arte astral y casi divino,
su mente es de hierro forjado, duro y frío, esquivo...

Y las noches... qué decir de las noches 
más que son su excusa para soñar,
acompañado del mar,
de su pequeña musa particular...

Le hace falta cristal,
y un velero de acero,
para poder navegar
en el frío de Enero,
con una botella de alcohol...

Unidad Vacía.

Llévame dónde quiera la marea,
dónde nada importe menos
que un beso en tu portal.

Hazme ver reflejada la Luna
cuando quiera estar contigo
y te hagas de rogar,

Ya dijeron muchos que era complicado,
que la vida es suficiente
sin importar la otra mitad,

Ahora les digo "tarde, yo no fallo"
la encontré buscando un año
bajando las calles de mi ciudad,

Y no es verdad, no está conmigo,
pero ahora sé sentir lo que algunos llaman unidad,
pero vacía,

y así mi mente fría
se congela sin saber,
con la duda eterna
de cómo tuvo que ser y no fue,
al terminar mi día.

Mi Musa particular.

Enfadado encauzo penas a las ruinas de mi cárcel, 
la memoria me castiga y el destino sabe a mar,
acostumbrado el tiempo se ha cansado de esperarme,
luego tuve una cita con mi musa particular...

Aquella sirena castaña,
de ojos marrones y piel clara,
aquella sonrisa blanca, de marfil,

melodía aural y sináptica,
su voz dulce de anís...

Se me quiebra el aliento,
un estremecimiento y frío
me recorre por dentro,
en un ansia eterna
de verme desvariar...
y de pronto sueño,
sueño y me vengo,
y se viene mi musa
para navegar.

Libre designio de Musas.

Me retiro al libre designio
de lo que piden las musas,
me inspiran las letras
y me ruegan los sueños,
y me deshago
en mil aventuras de ficción remota
y en las kamikazes arenas del tiempo,
en un intento iluso
de salir ileso de este trance suicida.

Me recuerda mi pequeña
a un sueño que tuve,
dónde anclaba mis penas
en la tierra de un jardín,
dónde cuelgan para mí
las musas que entretuve
y que ahora el mundo ahoga
en recuerdos al dormir.

Sé que ella es un ángel,
una prueba y un martirio,
pero sabe mi delirio
que la locura es mi salud,
y al baúl del olvido
guardo viejas alas,
que volaban por sí solas
en aquel cielo azul.

Mi estrella ahora es mi musa
y no me duele su calor,
y ante la lluvia no reparo
en si cesa su fulgor,
y encallado busco un puerto
al que amarrar esta ilusión
porque de nuevo espero luz
iluminando mi razón.

La locura es de filósofos
y de idiotas que se enamoran.
Yo soy loco doble
porque filosofo del amor.

Buenas noches, princesa.

Amanece en mi ventana, 
ya se cansaron mis sueños,
de no hacerse realidad en años
ni en mi cama,

ya no acechan los recuerdos,
sólo acecha su mirada,
y en su devenir el tiempo
me dio una calada,

y esta droga sabe a miel,
sabe distinto,
sabe a conocer que por nada ya desisto,

y esta vida es crucigrama,
la solución un laberinto,
aunque es distinto esta ocasión,
sueño estrellas en mi almohada.

Buenas noches princesa, la noche te acompaña,
quisiera ser la lluvia que golpea en tu ventana,
y así ser espía de mi musa y su mirada,
de la Luna y las estrellas, de caramelo irisadas,
y amanecer helado, el viento ancla mis penas,
ya no clavan las espinas que otro día me han cansado,
porque me saca siempre la sonrisa, es su regalo,
yo sólo me digo "duerme y sueña", "ya ha llegado".

La Luna, mi musa. El firmamento, de papel.

Entre verso y verso se escondió la Luna, 
entre noche y día sólo la eché de menos,
y alguna vez pregunto a mi fortuna,
que se siente con sus besos,
es terapia de locura.

Esa mirada suya en el gris del firmamento,
entre gota y gota del cristal de mi ventana,
de mi almohada mojada que refleja alguna lágrima,
entre calada y calada este humo me hace sombra.

Entre palabra y palabra su sonrisa me abandona,
en el sótano me alumbra una luz improvisada,
con el ímpetu del viento y su voz distorsionada,
sólo lo sabe el tiempo,
mi vida es cuestionada.

Y al fragor de la escritura lanzo penas y derrotas,
y en su honor levanto las tierras de un jardín,
de jazmín envuelta quiso venir a embaucarme
y el dolor de cuando avanzo de mi quiso salir.

Y en la Luna escribo, claro, un ideal de ensueño,
pero cuando me levanto enseño a mi musa dibujada,
y entornada la puerta quise abrirla hacia una meta,
dónde pierda a mi destino, dónde vuele mi cometa

Y es mi sueño realizado tratarla como ninguna, y que a la una se haga tarde un intento de morder.
Pero la noche es larga, ahora la escribiré, que la Luna sea mi musa, el firmamento de papel.

Óxido de Otoño.

Estaba aquí encerrado, en una noche nefasta, un frío quebrantador, un infierno robado, una habitación vacía... 
y me encontré degollado, en un derroche de fiesta, un río de sangre, un invierno matado, una razón que desvía...
y sus labios no aparecían, y eran mi excusa, y aunque ellos ya lo sabían, faltaba mi musa, y no podía bailar...
Y aunque no le seguía, siguió caminando el tuerto por una ladera de sueños, una centena de engaños, que le sostenían... y nunca paraba de andar...

Y así llegó una primavera difícil de imaginar, imposible de olvidar, de tanto dolor que guardaba, y desaparecía como si no hubiera existido jamás...

Porque lo quiso él, en su voluntario asesinato, que no fue suicidio por pura locura...
Y "puta locura" la llamaba él, al ver a una mordedura fatal que le dejó una cruz, en su memoria, sus ojos, su mirada azul...

"Que ya no está", le dice la razón, "que no importa", se convence a sí mismo, en un intento vano de recordar su presencia...
su esencia, la de algunas flores de primavera, de begoñas rojas que saltaban a la vista, en medio de una hondonada de recuerdos que quisieran caer en el olvido, y no sólo tropezarse... como siempre, vida de inmensidad inabarcable, de sueños, de esperanza ilusa, de fracasos desdeñables...

Es el otoño que trae consigo una oxidada presencia de lo que algún día sucedió, en ese verano de playa, de mar, de arena, en el que puse mis labios en los de aquella sirena...