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martes, 31 de julio de 2012

No más rosas en mi jardín.

El viento esta noche invita a describir su aroma, ese aroma de la ciudad mojada. Suenan las ramas peleándose, la monotonía de la lluvia en el asfalto y la Luna oculta tras las nubes susurrando. La noche es curiosa aunque no haya estrellas, porque la melancolía del otoño se camufla en esta tormenta. Y si fuera un lienzo este cielo gris, sería su lluvia quién pintara de color al que hoy maneja el pincel. Porque sí, este cielo gris pinta sonrisas.

La deseo en secreto, así que espero que el olor de la lluvia me traiga más sueños que recuerdos la melancolía. La necesito, furtivamente, la quiero a hurtadillas. Pero ya dije que en este jardín no quedaba sitio para los rosales, y menos para sus espinas, aunque quizá tampoco para los pensamientos divagantes, divergentes e ingenuos de otras flores.

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