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domingo, 10 de junio de 2012

Noches de bailey's con hielo.

Faltaron mil posturas
y noches de bailey's con hielo,
haciendo mil locuras,
alcanzando el quinto sueño.


Ella solía decir que le gustaba aquello, y a mi me encandilaba su forma de mirarme en el momento.
Yo era víctima en el sueño, acosado por el revólver de sus pupilas, que inquebrantablemente se erguían, helaban y ardían en mi piel, desorientando a mis hormonas, que no sabían qué hacer, movilizando mis caricias hacia donde no podrían volver, para que la adicción fuera dolorosa, cristal, cocaína iridiscente, estelar, para que una vez me fuera no volviera a trasnochar.
La experiencia supo hacer brotar aquel talento dormido: conocer, mirar, imaginar, palidecer, por una mujer.
Y quién sabe si será de nuevo engaño, aunque ya sepa que la vida es estafa.
Será que es pequeño ese lado, de la realidad, salir ya de tu casa, emprender, volar, donde ya no pueda verte y así ver otra intimidad en el cuerpo desnudo de quien me sepa hacer soñar.
Es otra realidad proyectada en el epitafio de aquel que dijo una y no más, aquel cuyos engaños lo ahogaron en su propio mar, aquel que dijo extraño y ahora ya no puede hablar.

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