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lunes, 11 de junio de 2012

Fuego Fatuo.

Volví por no calar, por no bailar sin gravedad y por ser de nuevo extraño a quien conoce la verdad.


Fatuos faroles de estampas blancas, florales, de seres ciegos que vagaban por un campo sin riego sanguíneo, muerto y encarcelado, encaramado había un perro que ladra y se traba y no acaba porque se desangra su cuerpo inmundo, crudo y desaliñado, que emanaba el fruto de la muerte que ríe y siente y que se calla y miente si dice ser dulce, porque el roce de los sauces a la orilla del río vital, acaba viral con la mente hospedadora de quien se aferra y absorta a la idea sublime de que quien no ríe, llora, y desmiento tal falacia y arrogancia sin pretexto porque soy experto en la inferencia y a mi modo deduzco la falsedad, siendo entonces pesadilla o realidad el debate que ocupa mis horas que a las letras les debo lealtad.

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