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viernes, 29 de junio de 2012

Faltaron sueños que cumplir.

Y realizar sueños que nunca quisiste... Y, ¿por qué? Porque sigo empeñado en lo que nunca existió.

Esperé hasta las mil para nunca ver mi meta. Amanecí sólo, tumbado en la arena de una playa negra, ensombrecida por un eclipse que destellaba, despuntando en el horizonte e indicando aquel reto inalcanzable del que sólo yo tenía conciencia.

Era temprano, y un aroma dulce y sensual conmocionó a mis ojos malheridos, de nuevo, sangrantes, como en los últimos tiempos, en los últimos días, últimas fechas mal recordadas, peor acabadas tras una tormenta de retórica inconexa.

No puedo interferir de nuevo en tu memoria, pero seguiría transcribiendo ese código que te enseñe mis actos, para así poder ser consciente de lo que estoy pasando, ese tiempo, en el que no puedo más que acordarme de aquel momento en el que quisiste que yo dijera que nos recordaríamos para siempre.

Faltaron sueños que cumplir, besarnos en arena de playa, bajo la oscuridad de la noche y la luz de las estrellas, que falla, ya no brilla, ya no baila, llueve.

Y en tinieblas exijo otro fin que me permita no morir, que me conozco todo tu armario y sé que nunca me dejarás aquí, así, rogándole a tu mirada un perdón, me arrepentí, ni siquiera soy así, no hay excusa, soy cautivo en un encierro que espero no dure hasta el fin.

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