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viernes, 29 de junio de 2012

Antes solía volar...

El tiempo pierde mi norte, rompió mi brújula y esconderá mi pasado.


Soy lo que la experiencia quiere que sea, estoy donde el viento me lleva, hacia un futuro incierto del que sólo espero la muerte.
Ya no puedo descansar.
Mis labios saben a sal.


Estoy cavando mi propia tumba a mordiscos, llenos de ansia involuntaria, efímera eternidad de un deseo execrable, denigrante e intransferible.


Soy hedor del hambre que me acosa, no puedo caminar con muñones en el asfalto, quema, duele, me expulsa.


Este mundo no quiere ser para mí, sólo espera convertirme en rehén de su dimensión temporal.
Soy esclavo, y me mandan morir.
Soy enfermo, y me envenenan.
Soy naufrago y no puedo nadar, porque me cortaron las extremidades con las que antes solía volar.
Puta.


Siempre se dice que muchas personas se cruzan en tu camino, pero son aquellas con las que te paras un instante, un stop que parece eterno, las que definitivamente lo marcan.
Otras, simplemente, lo tuercen.


El problema surge cuando es el mismo el que te hace frenar en un momento de tu vida y te pierde de manera que no sabes qué rumbo seguir, esperando que alguien en quien puedas apoyarte, encauce tu vida hacia algo más claro, mar de la tranquilidad que aúne contradicciones entre color, forma, y figura.

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