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viernes, 29 de junio de 2012

Somos polvo residual.

Detrás de mi antesala
haciendo letras,
dudas si copas,
vas a espadas por si pican,

sudando versos pido besos
de mil formas pero ceso,
me canso,
ya me quedo sin tinta,

es una finta al destino
que me acosa por mi cita
que está escrita a permanente
aunque yo no lo permita.

Y
¿Cómo no bailar con una estrella?
Dejando huella,
sudando tinta en mi papel,
fundiendo con mis labios,
la cera de su piel,

vagón de sueños,
descarrila mi tren,
haciendo daño,
sin recordar cómo fue,
haciendo historia
de un final que, insisto,
nunca supo bien,

¿Quién?
el pasado es siempre igual,
somos polvo residual
de lo que fuimos y olvidamos,

y es que sólo recordamos
que nos marcan malos sueños,
un vagón lleno de engaños
que ni llorando deshago.

Espejos.

Hoy soy la esquina de un espejo quebrantado. Permanezco roto, esculpido a golpes de las manos del tiempo.

Mi cristal fraccionado refleja convexidades y concavidades de lo que parece un pasado perpetuo y un futuro incierto y desgarrado.

Me queman las extremidades, dejo de sentirlas en el momento de inmersión al sueño.

Me siento ebrio, precisamente porque dejo de sentir. Es extraño. La droga se acumula en mi sangre y su efecto se hace tangible. Sueño.

Sueño que me levanto de una playa virgen, y llego hasta los labios de la tierra, que rozan mi piel con el tacto de un beso cálido. Me estremezco.
Ahora todos mis sentidos están hipersensibilizados.
Mis movimientos involuntarios dirigen mis brazos a rodear de nuevo la virginidad de aquellas arenas. Se palpa la sensualidad bajo las sabanas algodonosas de las nubes. Mis párpados se cierran.

Amanecí en mi cama, junto a la única musa que me impulsa a relatar mis sueños. Acaricié su cabello, pasando mi mano por la cintura primero.
Después desperté, otra vez.

Más tormenta.

Oigo inciso, espero largo,
calle de viento huracanado,
de sueños acabados,
derroteros inundados
con lo que fueron días de Sol,
jamás son olvidados,
son grabados con razón,
escrito a fuego lento
en la sangre, el corazón,
que late cada tramo,
cada parte,
que dirige su propio rol
hacia un destino incierto
de champán y hacia delante.

Hoy no escribo calle,
porque callé manos a tiros,
balas atravesaban
como a presos fugitivos,

escribí andén,
para enterrar la infamia,
entre vías de este tren
que se llevó mi infancia,

hoy seré su piel,
pa envolverla con caricias,
seguiré fiel a la promesa
de prenderla con cerillas,

Hoy seré cartel,
para anunciar puta a la vida,
necesitaré modelo a la deriva,
cámara y bebida

Sólo me enseña el tiempo, que sin preguntar me da respuestas.

Me duele el labio de tanto besar, de tanto reír, de tanto jugar, me duele la lengua de tanto tocar, de descubrir, la luna en el mar.

Faltaron sueños que cumplir.

Y realizar sueños que nunca quisiste... Y, ¿por qué? Porque sigo empeñado en lo que nunca existió.

Esperé hasta las mil para nunca ver mi meta. Amanecí sólo, tumbado en la arena de una playa negra, ensombrecida por un eclipse que destellaba, despuntando en el horizonte e indicando aquel reto inalcanzable del que sólo yo tenía conciencia.

Era temprano, y un aroma dulce y sensual conmocionó a mis ojos malheridos, de nuevo, sangrantes, como en los últimos tiempos, en los últimos días, últimas fechas mal recordadas, peor acabadas tras una tormenta de retórica inconexa.

No puedo interferir de nuevo en tu memoria, pero seguiría transcribiendo ese código que te enseñe mis actos, para así poder ser consciente de lo que estoy pasando, ese tiempo, en el que no puedo más que acordarme de aquel momento en el que quisiste que yo dijera que nos recordaríamos para siempre.

Faltaron sueños que cumplir, besarnos en arena de playa, bajo la oscuridad de la noche y la luz de las estrellas, que falla, ya no brilla, ya no baila, llueve.

Y en tinieblas exijo otro fin que me permita no morir, que me conozco todo tu armario y sé que nunca me dejarás aquí, así, rogándole a tu mirada un perdón, me arrepentí, ni siquiera soy así, no hay excusa, soy cautivo en un encierro que espero no dure hasta el fin.

Sombras.

Sufrimiento desbocado que lleva a una ruina inquieta, tinieblas desatadas en una caverna maldita, repleta de fantasmas que representan un pasado que nunca quiso ser presente para ser recordado.


Ahora no puedo contar, relatar, dichas ocasiones en las que quise ser enfermo para que el mundo comprendiera mi causa.


Quise ser esclavo de una ley innata que me hiciera crecer en una agonía eterna, de la que sólo yo fuera responsable, para así ser consciente de lo que mis metas me exigen.


Nunca fui vulnerable, y aprendí a nunca entender ofensas. La ironía es obvia, será parte de la esquizofrenia compulsiva que me lleva a describir los confines de un final inmediato que no tiene en este mundo su tumba.


Así podré algún día llorar. Irónico. Irónico, porque aquello de lo que pude hacer gala, mi orgullo incomprensible, atenuado por mi timidez, que aconsejaba ser cauto en la tarea que el destino quería imponerme, fue lo que devastó la tierra dónde quise hacer crecer la esperanza de la eternidad.


Sólo de este modo, ebrio como quien lo quiere todo, podía encontrar mi objetivo.
Hoy, de nuevo, es la misma la que no me permite soñar, y no se llama insomnio, se llama contingente sin la gracia y sutilidad de la letra que asemeja al número.


Fié mis bienes, todo lo que me catalogaba, diferenciaba, connotaba, a una musa esporádica que mintió ser eterna.


Oh, mentira, puta seas, tú, y la vida en la que participas. Hoy no soy humano, porque no cumplo funciones.
Ni siquiera sé soñar, pensar, divertirme.
Quizá sea animal que sólo pide, que sólo reclama una libertad exigente, aquella que pueda otorgar el bien que otrora fue considerado como necesario.


Ni siquiera sé escribir, teclear en las rectangulares piezas táctiles de mis notas, pero, ¿Acaso es eso lo que debe importarme? La respuesta es obvia, porque este diario, mi diario, hoy no será convertido en publicidad de una vida cualquiera, sino en simple descripción de lo que quise, nunca tuve, deseé y no logré.


Aquello que quizá sí sea sueño, porque la consciencia se confunde con éste. Pero de nuevo, no seré yo quien decida si esto tiene sentido, porque ni siquiera lo busco.


Quizá busque ser amigo, pero reconozco que, aun no arrepintiéndome, la amistad puede herir a quien quiero más, a quien más he querido, por lo que hoy, este sueño que ahora sí decido reconocer como tal, se convierte en una despedida con la que pido no regresar, nunca jamás.


También diré que son cosas que se dicen, pero prometo no devolver con sangre aquellas heridas que ya han cicatrizado, aunque sigo sin poder asegurar que alguien se empeñe en abrirlas.

Antes solía volar...

El tiempo pierde mi norte, rompió mi brújula y esconderá mi pasado.


Soy lo que la experiencia quiere que sea, estoy donde el viento me lleva, hacia un futuro incierto del que sólo espero la muerte.
Ya no puedo descansar.
Mis labios saben a sal.


Estoy cavando mi propia tumba a mordiscos, llenos de ansia involuntaria, efímera eternidad de un deseo execrable, denigrante e intransferible.


Soy hedor del hambre que me acosa, no puedo caminar con muñones en el asfalto, quema, duele, me expulsa.


Este mundo no quiere ser para mí, sólo espera convertirme en rehén de su dimensión temporal.
Soy esclavo, y me mandan morir.
Soy enfermo, y me envenenan.
Soy naufrago y no puedo nadar, porque me cortaron las extremidades con las que antes solía volar.
Puta.


Siempre se dice que muchas personas se cruzan en tu camino, pero son aquellas con las que te paras un instante, un stop que parece eterno, las que definitivamente lo marcan.
Otras, simplemente, lo tuercen.


El problema surge cuando es el mismo el que te hace frenar en un momento de tu vida y te pierde de manera que no sabes qué rumbo seguir, esperando que alguien en quien puedas apoyarte, encauce tu vida hacia algo más claro, mar de la tranquilidad que aúne contradicciones entre color, forma, y figura.

Me perdí en tus labios.

Deseché mi fortuna
por un beso agridulce,
cesa mi conspiración,
la Luna me reduce,

es tarde,
pero deduzco que ahora salgo,
de este laberinto maniatado
desterrado por un salto,

en picado,
a través de la muralla,
ríe, calla, salta,
del recinto acantilado,

un vaciado irrevocable
que no hable de defectos,
lo sé, no soy perfecto,
qué merezco y qué he rogado,

¿Lo dudas?
Prefiero este lamento sólo
a acompañado de otro infierno,
para ocultar mis lágrimas
de aquel que me hizo daño,

otro año,
el pasado es amargo,
sabe así tras tu intención
de querer ser lo que valgo,

pasado,
el pasado es siempre igual,
somos polvo residual
de lo que fuimos y olvidamos,

y es que sólo recordamos
que nos marcan malos sueños,
un vagón lleno de engaños
que ni llorando deshago.

lunes, 11 de junio de 2012

Fuego Fatuo.

Volví por no calar, por no bailar sin gravedad y por ser de nuevo extraño a quien conoce la verdad.


Fatuos faroles de estampas blancas, florales, de seres ciegos que vagaban por un campo sin riego sanguíneo, muerto y encarcelado, encaramado había un perro que ladra y se traba y no acaba porque se desangra su cuerpo inmundo, crudo y desaliñado, que emanaba el fruto de la muerte que ríe y siente y que se calla y miente si dice ser dulce, porque el roce de los sauces a la orilla del río vital, acaba viral con la mente hospedadora de quien se aferra y absorta a la idea sublime de que quien no ríe, llora, y desmiento tal falacia y arrogancia sin pretexto porque soy experto en la inferencia y a mi modo deduzco la falsedad, siendo entonces pesadilla o realidad el debate que ocupa mis horas que a las letras les debo lealtad.

Destiempo.

Hice que el pretérito de "amar"
fuera "enloquecí"
y ahora he sido mar
para dormir,
sumergido en su sino,
sueño que nací vencido
por mirar,
aquel rostro de muerte,
tiniebla y tempestad.


Escucho al viandante clarividente,
que ríe infame de su sombra aletargada,
nigromante y magia negra
enterrada entre su sangre,
sepultada en un cadáver
que corre en el aire,
a la espera de ser disonante,
anodina, fulgurante herida
que lleva el rostro cortante
de su hacedor suicida.


Tierra en paz asemeja
el polvo que deja
la tempestad tras la calma,
su alma, su esencia,
la herencia que la natura salva
de inclemencia,
el viento que arrecia,
de tiempo que lleva
al delta del monte en las estrellas,
de luz azul de Luna
que busca fortuna
tirando una moneda al río,
de frío de hielo
y el velo de otra sombra,
de muerte, de rabia,
de sabia venenosa de encina
que avecina esta tormenta.

domingo, 10 de junio de 2012

Noches de bailey's con hielo.

Faltaron mil posturas
y noches de bailey's con hielo,
haciendo mil locuras,
alcanzando el quinto sueño.


Ella solía decir que le gustaba aquello, y a mi me encandilaba su forma de mirarme en el momento.
Yo era víctima en el sueño, acosado por el revólver de sus pupilas, que inquebrantablemente se erguían, helaban y ardían en mi piel, desorientando a mis hormonas, que no sabían qué hacer, movilizando mis caricias hacia donde no podrían volver, para que la adicción fuera dolorosa, cristal, cocaína iridiscente, estelar, para que una vez me fuera no volviera a trasnochar.
La experiencia supo hacer brotar aquel talento dormido: conocer, mirar, imaginar, palidecer, por una mujer.
Y quién sabe si será de nuevo engaño, aunque ya sepa que la vida es estafa.
Será que es pequeño ese lado, de la realidad, salir ya de tu casa, emprender, volar, donde ya no pueda verte y así ver otra intimidad en el cuerpo desnudo de quien me sepa hacer soñar.
Es otra realidad proyectada en el epitafio de aquel que dijo una y no más, aquel cuyos engaños lo ahogaron en su propio mar, aquel que dijo extraño y ahora ya no puede hablar.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ese, hoy soy yo.

Ese que camina sólo, de voluntad inquebrantable, por el infierno de calma y tempestades de silencio, es hoy reducido a cenizas, convertido en polvo y dispersado por un aire conmovido que ahora se compadece de él.
El vendaval sugiere que algún día se arremolinaron los cabellos de ella sobre el cuerpo tímido de él. También había sido excusa de sus sueños, protagonista, aquella morena con la que por fin se sentía a gusto escribiendo algo que, sin embargo, nunca sería leído por su mirada avellanada.
Ayer quería estar en su pensamiento para ser por fin el agua esperada en sequía, el sexo de quien lo necesita, la sangre del asesino, la esencia infinita, y así poder cambiar.
La indiferencia no me es indiferente, persigo su mirada inconsciente, y así puedo salvarme del hundimiento.
Y ya lo dijo uno, que la vida era naufragio, pero quizá sea triunfo si llego a puerto vivo.

lunes, 4 de junio de 2012

Recibí a la vida con un ansia insólita, y me di cuenta de que no era para tanto.

Recibí a la vida con un ansia insólita, y me di cuenta de que no era para tanto.

Es que no es vivir, es lo que lo dota de significado lo que constituye su esencia, la esencia vital. Somos viajeros de un mundo que nos lleva a la tierra, de un ciclo que se renueva a lo largo de un tiempo en el que estamos inmersos, y es éste el que determina lo factible y lo no factible, entre las numerosas potencialidades existentes y aun sin descubrir.
Por eso somos pequeños juguetes del tiempo, en un escenario inabarcable e incomprensible, como incomprensible es para la hormiga el concepto de kilómetro.
Es una maqueta sin dueño, una simulación de algo que nunca existe, y nosotros pasamos la oportunidad de la vida como si ésta existiera sólo para nosotros, creyendo que nuestra vida es nuestra. Y en cierto modo es así, pero no deja de ser absolutamente dependiente de los factores externos, y otra vez, del tiempo.
Por eso la vida en sí misma no es importante, es un producto más de lo condicionado espaciotemporalmente, pero nosotros, en un ansia creadora de manipulación, conceptualizamos la esencia vital como un todo al que se debe subordinar el otro Todo en el que el primero se incluye, el Mundo. Y esto, es contradictorio, pues supone obligar a que se someta aquello en virtud de lo cual existimos, esto es, hacer que el Todo por el que "somos" quede subyugado al todo individual. De este modo aparece el desequilibrio, que culminará con un dinamismo insostenible por el que la suma de nuestro pequeño todo particular destruirá el Todo que nos dio la vida.
Y, volviendo al principio, ¿Qué debe darle significado a la vida? ¿Cómo debe ser la esencia vital de cada uno para que todas las esencias vitales se complementen y no excluyan?
La respuesta es tan problemática como lo es la mente humana. No existe una ley moral absoluta de la que todos debamos participar, pues lo que algunos consideran justo, otros dicen que es injusto, y lo mismo con los valores del bien, el mal, lo oportuno, lo bello...
Sin embargo, sí que debemos tener una prioridad para que todas las esencias vitales puedan coexistir: que nuestro todo particular no consuma el Todo del que proviene más que en aquella proporción que las circunstancias tilden de oportunas.
Es decir, el desarrollo sostenible del mundo y de las relaciones humanas, conservar esta totalidad para que las generaciones venideras puedan satisfacer sus necesidades y apetencias, tanto vitales como sociales, evitando sobreexplotaciones y rivalidades. Así al menos daremos tiempo a nuestros sucesores de elaborar una ley moral lo más absoluta posible, siendo esta labor la tarea principal del filósofo.


sábado, 2 de junio de 2012

Hasta entonces, si me preguntan, diré que te olvidé en otros labios, Suerte.

Quiero olvidarme de prejuicios y lanzarme a un vacío en el que el destino no me alcance, y así ser dueño al menos de mi suicidio... o de mi rescate.
Pero algo lo impide.
Quizá sea morbosa esa vida de pruebas de fuego, o aquella de ilusiones breves y eterna agonía, pero ahora eso es lo de menos.
Quizá debería saltar de una vez, besar el suelo con los dientes y adornar la estampa con mis huesos hechos trizas.
Quizá debiera ser naufragio y ahogarme de una vez entre cuatro paredes blancas, y así tener por fin el destino que se le reserva a los capullos, y se nos otorga a los genios. Porque, ¿Qué hice mal? No, no, yo nada, de eso estoy seguro, pero no desmiento que mi verdad relativa pueda matar personas.
Eso me lo preguntó la chica de la camilla después del ataque, y yo sólo pedí que desconectaran el corazón artificial que me mantenía con vida.
Pero quizá, y sólo quizá, alguien me recuerde y me perdone. Eso sí, le dará igual a mi cadáver mugriento.