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martes, 15 de mayo de 2012

Mi particular cuarto creciente, su sonrisa.

Tengo una herida fulgurante,
de una sirena muda
que nunca supo cantar.
El arma fue su cuerpo,
asedió mi voluntad,
durante días de lamento,
decidí irme a conquistar,
aquella isla virgen,
aquel regalo del mar.

-Vine a este lugar -te dije,
-por no buscar en otra
lo que encuentro en tu mirar,
ahora el tiempo es favorable,
ya podemos bailar,
lo que es inevitable,
se llama enamorar.

Y es que te fui a buscar,
sirena en el mar,
donde encontré tu sonrisa
en tu forma de mirar.

Ayer me enamoré de ella,
pasó en el cielo,
miré a una estrella,
y te conocí otra vez.
Iba de cortos, sonrisa pícara,
con medias en sus piernas rodeando su piel,
quise acercarme pero no podía,
quería demostrarme que soy fuerte,
y no lo logré.
Caí en su sonrisa,
sus labios y sus mejillas,
su nariz fina y pequeña,
su pelo cortando el viento,
su mirada otra vez.
Y no es la primera noche que la veo,
pero como si lo fuera,
anduve en un camino sin gente,
y sin camino,
solo veía el final,
y quiero estar contigo,
verte mientras vivo,
ser más que un amigo,
y poderte besar.

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