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lunes, 28 de mayo de 2012

Labios del Sur. Lengua prohibida.

Hoy estoy hecho de cera, porque mi vela se funde, deja de erguirse como solía.
Ahora que todo cambia me encuentro inmóvil, sin excusas para huir de un futuro que se hará efectivo, y siento frío, me encojo.
No sé ni qué callar, ni qué decir, qué escribir...
Pero ella algún día, por lejano que fuera ese horizonte que compartimos, me enseñó aquel idioma en desuso, inutilizado por el tiempo, que lo acribilla en un intento inútil de transformar lo eterno en mortal.
Aquella lengua nocturna, que sólo yo conocí aun siendo ella esa musa.
Es la de los sueños, que se escribe con reflejos y pinceladas impresionistas, redactada bajo el pulso silencioso de mis manos sedientas.
Mis manos compartieron sus labios con los míos varias veces, pero mi lengua tardaba en aprender la suya.
La culpa fue mía por perder el norte en aquella estrella de los pecados del sur.
Ahora que lo recupero, busco un nuevo sur donde perderlo, y no aprendo: saber esa lengua no sirve para nada si soy el único que la conoce.

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