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miércoles, 23 de mayo de 2012

Fluye.

Fluye como el agua por la ladera, como la lagrima sobre la mejilla, inundando a veces campos infinitos de memorias y pensamientos.
A veces, el líquido esteriliza la tierra. Otras, sin embargo, llenan con esperanzas, los campos, de alegrías e ilusiones que germinarán antes del último ocaso.
A la llegada de la noche, un embriagador aroma recorre presuroso mis venas, bombeado rítmicamente por un corazón que ahora late como nunca había hecho.
Es tu recuerdo, tu imagen, la de tu rostro, la del sonido melódico de tu voz, y de tu calor.
El cielo impresiona más ahora, pero su estrella más brillante está a mi lado, no es el cielo el que se refleja en el mar, es tu mirada la que tiñe lo demás, y asciende al infinito con el simple deseo de hacerse hueco entre sus hermanas fugaces.
No tardé en descubrir que el tiempo jugaría en mi contra, aliándose con el espacio.
Cuando estoy a tu lado, el tiempo se para, si, mi corazón late con mas fuerza, y te beso con toda mi pasión.
Pero cuando no estás cerca de mi, el tiempo se hace eterno, y la única fuerza mayor que me obliga a seguir tus pasos desde la distancia, es el amor que siento hacia ti.
Fluye como el agua, fluye. Regando corazones, ábrete paso hacia lo oscuro. Ilumínalo abriendo los ojos y cerciórate de que sigo a tu lado, pues si he conseguido estar aún de tu mano, nada habrá que las separe ya.

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