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viernes, 25 de mayo de 2012

El ciclo suicida de un enamorado autómata.

Estoy solo en un silencio que molesta, y grito, escucha mi última palabra, lee mi último escrito, lo necesito, no levantes tempestades de pánico, demuestra con tus ojos que no matas con arsénico.
Estoy envenenado y la cura inalcanzable, condenado a vagar irreconocible mente errante, por un desierto singular de arenas kamikazes.
La sequía es ahogante, inquebrantable mi voluntad de navegante, que nada sola en un mar de cenizas y arrogante, que escupe fuego y saluda a su amante, la soledad incipiente que aflora.
No reparo en lo que atrás ha quedado, no busco en lo infinito explicación a mi desamparo, sólo me limito a ser fiel esclavo de pasión encadenada, falsa libertad de alas cortadas, viajero sin camino, sin estrellas en su cielo.
El silencio tortura mis oídos con una rabia desconocida, usurpan recuerdos misceláneos que intercalan dolor y carne, incesante el martilleo de la ausencia, acomete a mi memoria afligida.
Pero tal vez sea hoy aquel mañana esperado, tal vez haya sido juzgado, y tras la condena, liberado de mil penas, porque veo en el cielo estrellas, quizá sea primavera, quizá resurjan las velas que han estado esperando, que quisieron ser quemadas, y fueron ahogadas en anoxia.
Seré de nuevo jugador de riesgo, para que sea infinita la posibilidad de acertar y fracasar, porque cada acierto esconde detrás lo que no cabe esperar.
Así llegaré al ciclo suicida de un enamorado autómata, controlado por unos impulsos que no son míos, no surgen de mi cabeza, son independientes.
Ese control acabará conmigo, pero esta noche fue lo que me hizo empezar, otra vez.

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