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martes, 8 de mayo de 2012

Casualidad.

Ven, que yo sigo haciendo sueños donde la luz impide miedos y los cielos se parten. Dos mitades se cubren con su velo, al tiempo que delaten entre el pelo, la inmensidad que aquellos fueron, sus ojos de fuego azul. Emiten luz propia, se apropian de pensamientos, otros cientos de sentidos y otros tantos de euforia.


Soy un fiel escriba al servicio de una inspiración discontinua, una musa dulce que aprende a ser amarga, una ciencia impura, una racionalidad nefasta.
Tiene un perfil delicado, y separado del odio por una estrecha fila de hilo invisible, que suelo atravesar sin cuestionar, y aparentar caminar, mientras vuelo en su horizonte sin gran habilidad.
Se cree muchas veces perdida, pero yo la encuentro sin buscar, será pequeña mi herida, será que no vuelve a sangrar, porque la tengo sin pensarlo, en mis manos, en mis brazos, pero en mis labios escribo prohibido con un cúter de metal.
Es difícil, guiarme en la noche sin estrellas, hice imposible lo fácil, se las doy aunque no quiera, pero nunca las cuelga de su cielo personal.
Y sé que no está abarrotado, que tengo otra oportunidad, hoy mi suerte me dio de lado, pero quiero intentar, arreglar con ella mi instinto, mi sentimiento, echar a volar, encaminarme hacia donde quiera el viento y encontrarla, por casualidad.

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