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domingo, 27 de mayo de 2012

aMuse.

Escribí cien cartas, me acordé,
pero nunca llegaron a puerto,
hoy son sólo barcos de papel
que naufragan con el viento.


A veces no lo entiendo,
esta mañana descubrí
que podía ser amante,
en aquel tren, aquel raíl,
aunque fuera otro el vagón,
son mismas calles de Madrid,
aunque fuera otra la musa,
con la que ahora soy feliz.


Aunque antes no entendía,
ahora ya sé comprender,
que aquella musa decía,
lo que no debía hacer,
y no lo que merecía.


Esta vez no estuve sólo,
ella quiso acompañarme,
donde el frío nos congela
y no hay nadie que calme
mi sentido más preciado,
la necesidad de aquel pecado,
la carne.

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