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jueves, 31 de mayo de 2012

Vida con-movida.

No sé decir te quiero
en el idioma de mudos,
me dejaste sin aliento,
me robaste los sentidos,
y ahora que me faltan
no puedo ni oír tu voz,

sé lo que dices, te delatan,
la dulzura y tus despistes,
pero arrojé al mar
un mensaje cifrado
que ninguna sirena supo adivinar.

Y qué hacer para ser marea,
subir tras la caída
sin tropezar con la arena,
si siempre ocurre igual,
la nada me condena
por no saber nadar,
y por estar siempre en la huída
ya no sé ni caminar.

Ya sólo me queda
oír al viento susurrar,
que la vida es un regalo,
que no se puede tirar,
que si la veo en otra calle,
estará lejos, se olvidará,

buscaré en la noche refugio
y a la Luna pisaré,
me morderá de nuevo la vida,
y yo seré cartel para adornar,
su alquiler,
porque se vende como las putas,
la vida, y su papel.

Ventana tapiada.

Arde, que te quiero ver arder. Irracionalidad de memoria,
romanticismo de hojas secas
y no de primaveras,
de papel escrito en verso
con sangre ritual,
sueños rotos,
precipicio infernal,

desprecio a la sombra
del caminante extraviado,
que ve nublado
cuando impera el cielo azul,

suena una sirena
de canto mortal,
en una laguna cercana,
donde veo la Luna asomar,

y ya ni sé dónde escribir,
mis sueños,
se los llevó el mar,
que es más lo que calla,
que lo que dice su mirar.

Informe hojarasca
de conjuros de sangre,
es la vida que me lleva
donde ya no quiere nadie,
con veneno en su saliva
y sin fiera que la calme,
veré que no hay salida,
que no hay nada que me salve.

Bienvenido a un universo
de proporciones áureas,
donde encontrar en el suelo
lo que buscas, lo que amas,
por haber caído de estrellas
el polvo de aquellas hadas,
que ahora gritan y estremecen
al haber perdido alas,
al que ve cuando amanece
aquellas hadas que no existen,
o eso dicen cada mañana,
son solo sombras las luces
que ves en tu ventana.

Divagando.

Sustancia en combustión,
en efímera existencia,
que no conoce su esencia
ni posible solución
a ese fuego que quema,
ese ardor,
ese dolor que emana,
que rema en contra del amor.



En aquel claro de Luna el césped era suave y fresco, y me animaba a seguir con ímpetu la búsqueda de mi amada. Ella, aunque inexpresiva, siempre sabía sacarme una sonrisa, me daba todo lo que yo necesitaba, y conocía cómo complacer con sus detalles.
Ahí estaba siempre, ella, vi como una pancarta que proclamaba su nombre a los cuatro vientos, anunciando la presencia de mi diosa particular.
En un instante el universo se tiñó de negro, y todo lo conocido era miedo y oscuridad. Las sombras murieron, reclamaban su protagonismo desde el averno. Tras la intensa lucha conseguí salir -no sin heridas- de aquel cuerpo envolvente, mórbido y fúnebre, y seguí, iluminado por una luna amarilla y mil estrellas espías, mi camino por el cementerio. Cogí mi pala y mordí mi camisa de cuadros para saborear los restos sanguíneos que la manchaban. La siguiente se llamaba Lucy, o eso ponía en su epitafio.

Soy fin.

Me hallo perdido en la más profunda virtud pragmática, soy un fin al que han desembocado mil causas, soy consecuencia de la necesariedad de mi destino, de la efimeridad de mi paso, y de la eterna agonía en la que me sumergí por azar.
Ya no sé reír, ya no sé soñar, y ahora me planteo si podré seguir soñando, o si las pesadillas protagonizaran las pocas horas que dedico al descanso. 
Así ocurre últimamente, así quiere verme la suerte, intentando alcanzarla con probabilidades nulas de éxito.
Esta mañana ella decidió cambiar mi destino, pudo elegir hacerlo, privilegiada, a cambio de un beso en un portal de madera barnizada.

lunes, 28 de mayo de 2012

Ya quité las espinas.

Hoy soy sensación, sé volar sin temer caer, soy libertad sin cadenas y sin el fantasma de la culpa.


Puedo sentir, puedo gritar, puedo ser aire y que me lleve el mar, o que me entierre entre espuma y tempestad.


Puedo ser yo, y nadie más, puedo escribir sin mirar atrás, porque el ayer es papel que mandé quemar, polvo de tierra fría, hoy volverán todas las cartas respondiendo mil por qués, mil quizás.


Y ni la espera me respeta, porque soy dueño de mi tiempo, ahora sé poseer lo que algún día me esclavizó.


Puedo lanzar puñales al aire sin miedo a acertar, puedo reír, puedo cantar, me puedo alegrar si sé que tú no estás, y aunque estés, me da igual, eres polvo residual que baila en otra ciudad.


Hoy ya no soy jardín, para plantar, las espinas de un rosal, seré naturaleza y así pintar, dibujar, desmentir que ya no sé soñar.

Labios del Sur. Lengua prohibida.

Hoy estoy hecho de cera, porque mi vela se funde, deja de erguirse como solía.
Ahora que todo cambia me encuentro inmóvil, sin excusas para huir de un futuro que se hará efectivo, y siento frío, me encojo.
No sé ni qué callar, ni qué decir, qué escribir...
Pero ella algún día, por lejano que fuera ese horizonte que compartimos, me enseñó aquel idioma en desuso, inutilizado por el tiempo, que lo acribilla en un intento inútil de transformar lo eterno en mortal.
Aquella lengua nocturna, que sólo yo conocí aun siendo ella esa musa.
Es la de los sueños, que se escribe con reflejos y pinceladas impresionistas, redactada bajo el pulso silencioso de mis manos sedientas.
Mis manos compartieron sus labios con los míos varias veces, pero mi lengua tardaba en aprender la suya.
La culpa fue mía por perder el norte en aquella estrella de los pecados del sur.
Ahora que lo recupero, busco un nuevo sur donde perderlo, y no aprendo: saber esa lengua no sirve para nada si soy el único que la conoce.

Enemigos de la eternidad.

Somos instantes únicos, lugares festivos de magia, sueños cumplidos, recuerdos, olvidos.
Somos parte indisoluble de momentos efímeros, compañeros del viento, enemigos de la eternidad.
Somos lo abstracto, hacemos brillar al día, damos sentido a los sucesos, los protagonizamos, los somos.


La totalidad del tiempo es un reto inabarcable que no plantea ya nadie.
Hoy soy sensación, hoy soy material, cumplo el requisito que designa mi voluntad, aleatoriedad.
Hoy escribo, porque supe leer, mañana restaré si aprendo a sumar derrotas.


Mi ser es relativo, único, engullido por palabras que pierden el tiempo y se perderán en él, en un ciclo infinito e invisible, naufragando en la indiferencia.
Pero no me preocupa, no soy menos, ni más, soy otro, y este otro, soy yo, mi proyecto, mi meta, el fin al que desembocan mis apetencias, requerimientos, obligaciones, derechos, y libertades.

domingo, 27 de mayo de 2012

Quiero ser poeta.

Quiero ser poeta,
quiero escribirte mil versos
en tus labios con la lengua,
quiero ser poeta,
dejarte derretida con mis besos
en la boca,
quiero ser poeta,
dejar la puerta abierta
y caminar,
vete si quieres marchar.


Quiero escribir mil versos
en tus labios con la lengua,
desnudarte con la imaginación,
que vuelvas,
y apropiarme de un rincón
para que experiencias nuevas,
no sepan a desolación.


Si no soy yo, quien será,
la Luna mira mi solución,
que yo no sé, que no está,
y ya no tengo ni sensación,


Que una vez, quiso marchar,
ahora no encuentra la Luna el Sol,
que yo ni sé por dónde va,
quiso bailar sola ¿por qué será?


Si algún rey, quiso reinar,
aquella tierra que se inundó,
será que fue, será que vio,
que bajo el agua quedaba yo,


Si no estás, si te marchás,
vuelve aquí a mi lado para olvidar,
que no soy yo, que cambié,
soy poeta escribiendo en tu piel.

aMuse.

Escribí cien cartas, me acordé,
pero nunca llegaron a puerto,
hoy son sólo barcos de papel
que naufragan con el viento.


A veces no lo entiendo,
esta mañana descubrí
que podía ser amante,
en aquel tren, aquel raíl,
aunque fuera otro el vagón,
son mismas calles de Madrid,
aunque fuera otra la musa,
con la que ahora soy feliz.


Aunque antes no entendía,
ahora ya sé comprender,
que aquella musa decía,
lo que no debía hacer,
y no lo que merecía.


Esta vez no estuve sólo,
ella quiso acompañarme,
donde el frío nos congela
y no hay nadie que calme
mi sentido más preciado,
la necesidad de aquel pecado,
la carne.

sábado, 26 de mayo de 2012

Yo elijo.

Hoy pensé que el viento me podía llevar adonde quisiera, a rozar la piel de una nueva musa inspiradora.
Creía que vosotros, los sueños, nunca volabais sin estrellas por la noche, para no perder vuestro rumbo hacia nuestra mente.
Me equivoqué, no vi estrellas, ni siquiera la Luna sonriendo, sólo vi el rastro de quien supo brillar y ahora estorba como sombra.
Ahora creo que sé dónde encontrarla, siguiendo la estela inquebrantable de mi instinto y su esencia aromática.
Se repite de nuevo aquel automatismo ludópata de quien sólo se rinde ante la humillación.
Sólo calla y piensa que si lo que la vida censa son profundas reflexiones guardadas en la despensa, has de abrirla y caminar a la deriva, hacia lo que determine la suerte.
Y quizá perder el tiempo nunca fue tan productivo, yo lo prefiero llamar inversión arriesgada a plazo indefinido.

Long Play.

Te odio, vale,
pero no le diré a nadie
que para olvidarte pulsé el play,
si no me crees te lo repito,
y a los hechos me remito,
necesito que me calme,
en otra cosa pensaré,
no seré fiel.


No rebobiné,
y ahora escucho acompañado
que no solo seguiré,
borrón y cuenta nueva
cantinela de LP,
seré sólo y con otra
nuevo día,
nuevo amanecer.


Música de fondo,
sinfonía nocturna,
fui perdido en la penumbra
de aquel lodo en su sombra,


Luces de neón,
azul escondía,
la Luna dibujada con razón
en su tumba,


Mirada reprimida,
mil castigos que cumplía,
creció inclinada a un bien
que no sólo la torcía,
la minaba.

viernes, 25 de mayo de 2012

El ciclo suicida de un enamorado autómata.

Estoy solo en un silencio que molesta, y grito, escucha mi última palabra, lee mi último escrito, lo necesito, no levantes tempestades de pánico, demuestra con tus ojos que no matas con arsénico.
Estoy envenenado y la cura inalcanzable, condenado a vagar irreconocible mente errante, por un desierto singular de arenas kamikazes.
La sequía es ahogante, inquebrantable mi voluntad de navegante, que nada sola en un mar de cenizas y arrogante, que escupe fuego y saluda a su amante, la soledad incipiente que aflora.
No reparo en lo que atrás ha quedado, no busco en lo infinito explicación a mi desamparo, sólo me limito a ser fiel esclavo de pasión encadenada, falsa libertad de alas cortadas, viajero sin camino, sin estrellas en su cielo.
El silencio tortura mis oídos con una rabia desconocida, usurpan recuerdos misceláneos que intercalan dolor y carne, incesante el martilleo de la ausencia, acomete a mi memoria afligida.
Pero tal vez sea hoy aquel mañana esperado, tal vez haya sido juzgado, y tras la condena, liberado de mil penas, porque veo en el cielo estrellas, quizá sea primavera, quizá resurjan las velas que han estado esperando, que quisieron ser quemadas, y fueron ahogadas en anoxia.
Seré de nuevo jugador de riesgo, para que sea infinita la posibilidad de acertar y fracasar, porque cada acierto esconde detrás lo que no cabe esperar.
Así llegaré al ciclo suicida de un enamorado autómata, controlado por unos impulsos que no son míos, no surgen de mi cabeza, son independientes.
Ese control acabará conmigo, pero esta noche fue lo que me hizo empezar, otra vez.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Esta Noche no salió la Luna Llena.

Esta noche no salió la luna llena,
esta noche, prefirió vestirse de morena,
teñirse de oscuro,
cielo azul de primavera,
para llorar tu ausencia,
la soledad severa,
se verán mis lagrimas,
mi párpado se cierra,
el que viera las que más,
abrirá el tesoro que encierra,
cierra, la ventana,
se escapa, vuela,
la fiera,
la tristeza de aquella noche,
no salió la Luna llena.


Beben ninfas, doras dulce,
el agua, refleja, tus pies,
reflejan los porqués,
reflejan mis porqués.
Suspiros por solo acariciar tu piel,
cien heridos versos,
serán mil si sigues fiel.


Y esta noche,
estar a tu lado quisiera,
y que enamorado venciera
malos momentos del pasado.
Esta noche,
la lluvia recorre el cielo,
forma un velo que no borre,
que oculte de lo fiero,
que prefiero que si corre,
siga adonde te llevo.


Es mi mundo,
el de los sueños,
muchos son los años
que viví iracundo
siendo esclavo de mis dueños.


Eran deseos, lo carnal,
lo espiritual no importa,
son solo quieros, no se cumplen,
se abren al cerrar otra puerta.
Se abrió aquella,
la de luz, tiñó de magia bella
todo de color azul.
Azul de tus ojos,
del mar que sella lejos,
el portal de la distancia,
que pasa entre azulejos y colores,
tu fragancia.

Escondidita dentro de mi auricular.

Verte calladita susurrar,
escondidita dentro del auricular,
inhalando te puedo escuchar respirar,
¿lo oyes?
Acabas de expirar el aire
que me lleva a caminar.


Verte con la luna,
estrellas en las alturas,
la noche brilla oscura,
la ráfaga se tiñe de azul,
azul claro, azul mar,
azul de hielo, de tus ojos,
qué más da,
el azul se ha redefinido,
y no le importa al cielo
porque no se lo ha tomado a mal.


Y en el instante, de la salvación, corriendo llegaste, me traes la solución, revolución.
Tú me lo confirmaste, te quiero princesa, te quiero un montón.


Con su tacto me convierto, siento un fulgor emocional, desata la ira divina de mi mente irracional. Sin saber de qué se trata, qué produce en mí esa fugaz estela de azul, que presurosa se arrepiente de haber retado a mis ojos. Enloquecer por tratar de seguirlos, es un pasatiempo eterno del que no escapo. Alargar mis dedos para llegar al cielo, sentir el roce de una nube en las puntas, y quedarse aún lejos de tocar la luna. Entonces la luna crece, se acerca, se mece terca, impasible ante los ojos que la buscan desde cerca.

Billete de ida.

Un suspiro.
La flor mira.
Cielo azul.
Esperanza blanca.
Cogí de un tren sólo billete de ida.
Rumbo incierto.
No se si hay salida.
Las ventanas hacia el mar,
las nubes blancas,
sólo vida.
No quiero olvidar,
no quiero perder tu calma.
Tu fuego calienta el hielo
que se derretía.
Se mece la cama y la luna juega,
sonriente con las estrellas,
corren a atraparse unas a otras
y ninguna lo logra.
Y en la prisa del camino,
dejé la ventana abierta,
se derraman suspiros
de la dicha incierta.

No cantes en el mar, hazlo aquí a mi lado.

La mar se mueve,
serena y furiosa,
deseosa de que algún marinero se la lleve.
Los cristales se empañan,
se ve sólo nublado,
es mejor que lloren las nubes
que no el sol apagado.
El susurro de las olas,
me acompaña al caminar,
al buscar entre suspiros
que no voy a olvidar,
tu dulce voz,
tu sonrisa,
y tu forma de mirar...
Esta noche, la luna nos sonríe.
No olvides traer tus besos,
que sin ellos no hay quien me guíe.
Esta noche, las estrellas nos saludan,
son hermanas de tus ojos,
frías e inseguras,
parecen claro hielo
que se funde cuando dudas.
Y en el mar se izó la vela blanca,
la que marca la inocencia.
Velo por su permanencia,
que me quieras es la marca,
que hace de tu esencia
mucho más intensa, de plata.
No cantes en el mar,
o mi barco irá a naufragar,
canta aquí a mi lado,
para recordar cómo ha pasado...

Quisiera ser aire para pasar por tus labios cuando respiras.

Quisiera ser aire para pasar por tus labios cuando respiras,
cada exhalación que das,
cada vez que suspiras.
Ser agua para fluir bajo tu pecho,
sentir tu corazón latir,
acecho tu pulso que no puedes reprimir.
Ser tu cama y abrazarte cada noche,
pues sería derroche perderte a la mañana.
Ser la ventana, y verte amanecer,
de día bajo el sol y la luna al anochecer,
parecer brisa y correr entre tus cabellos,
bellos destellos,
estrellas al oscurecer.
Que si puediera ser todo eso,
no querría elegir para pasar a peor situación,
pues ahora que me siento querido como soy,
puedo prescindir de insignificantes deseos
que cubres en cada beso.

Fluye.

Fluye como el agua por la ladera, como la lagrima sobre la mejilla, inundando a veces campos infinitos de memorias y pensamientos.
A veces, el líquido esteriliza la tierra. Otras, sin embargo, llenan con esperanzas, los campos, de alegrías e ilusiones que germinarán antes del último ocaso.
A la llegada de la noche, un embriagador aroma recorre presuroso mis venas, bombeado rítmicamente por un corazón que ahora late como nunca había hecho.
Es tu recuerdo, tu imagen, la de tu rostro, la del sonido melódico de tu voz, y de tu calor.
El cielo impresiona más ahora, pero su estrella más brillante está a mi lado, no es el cielo el que se refleja en el mar, es tu mirada la que tiñe lo demás, y asciende al infinito con el simple deseo de hacerse hueco entre sus hermanas fugaces.
No tardé en descubrir que el tiempo jugaría en mi contra, aliándose con el espacio.
Cuando estoy a tu lado, el tiempo se para, si, mi corazón late con mas fuerza, y te beso con toda mi pasión.
Pero cuando no estás cerca de mi, el tiempo se hace eterno, y la única fuerza mayor que me obliga a seguir tus pasos desde la distancia, es el amor que siento hacia ti.
Fluye como el agua, fluye. Regando corazones, ábrete paso hacia lo oscuro. Ilumínalo abriendo los ojos y cerciórate de que sigo a tu lado, pues si he conseguido estar aún de tu mano, nada habrá que las separe ya.

Echar de menos.

Echar de menos es abrir los ojos y no ver tu mirada, abrir las manos y no ver las tuyas calentándolas, reirme solo y no ver tu sonrisa, recordar tu voz y no escucharla, sentir calor y no ser tus besos los que lo provocan. Es caminar sin Ti a mi lado, como navegar con un barco de vela por el océano, sin rumbo, donde la espera quiebra los mástiles de mi felicidad, pero refuerza mis ganas de querer ser reparado con tu llegada. Echar de menos es despertar cada día, y ver mi otra mitad vacía, no querer abrir los ojos para poder seguir soñando tu mirada, querer que la vida sea un sueño para que estés siempre a mi lado, escribir palabras mudas pero llenas de significado.
Echar de menos es anhelar momentos, momentos del pasado, pasado a tu lado, recordar esa luz con que la vida me has dado, haber naufragado sin tí, por no haberme acompañado.
Echar de menos, es dibujar con la mirada, mis recuerdos, y pintar con el pincel de la esperanza, tu regreso, desear que cobre vida y poder darte un beso.
Es anhelar la esencia que te envuelve, que te hace única, tu presencia es la clave, que inspira mi música.
Echar de menos es decir te quiero sin mirarte, imaginarte en otro lado, yéndonos a besarte. Suspirar cada momento, recobrar el aliento, te echo de menos, pequeña, si no lo digo, miento.

Con centro de caramelo.

La luz de la estrella se filtra bajo lo enmarañado de tus suaves y oscuros cabellos. Hace brillar aún más cada uno de tus ojos, cada uno de tus dientes, tu sonrisa, tu mirada, tus labios y tu cuello, relucen aún más de lo que suelen.
Y el calor se acentúa en época de flores, donde florecen también sentimientos que aguardaron salir en su letargo, y que ahora se liberan con renovado ímpetu, haciéndose notar con cada beso.
Ahora las hojas juegan dejándose mecer por un viento que se ha llevado el frío, la soledad, la tristeza, la oscuridad.
Las estrellas salen ahora más tarde, aguardan a ser descubiertas por curiosas miradas que dedicamos al cielo.
Y yo no tengo que levantar la mirada para encontrar mi estrella. La que me guía, mi estrella. La que ilumina mis noches, me acompaña en días, susurra cada minuto y besa cada instante. La que hace más llevaderos los días mas oscuros. La que reconforta mi ánimo con su simple gesto. La que me da ganas de querer parar el tiempo, y que los abrazos puedan ser eternos para dar paso a un soñar que nunca termine. Es tardeeeeeeeeee me voy al saco, a sobar...digoooo....a soñar.

lunes, 21 de mayo de 2012

Dámelo Todo.

Dame tu sonrisa dame dame tu calor y tus ojos,
que ya te vas deprisa
y no me dejas comértelo todo,
Que si te vas,
yo me quedo solo,
Que si no,
más te extrañaré a ti a mi modo,

Cuando besas,
siento fuerte cuando besas,
mi cabeza,
siento mucho que me queda,
que me quedan,
recuerdos tristes,
que olvidar con lo que dijiste,
que te diera ese abrazo,
que nos unió.

Otro nuevo día amanece con azul casi todo,
que cada noche fría cierras con fuerza tus ojos
que si no estás,
me quedo mirando,
que si fallas,
las horas siguen pasando,
que siguen rozando rápido
alcanzando tempestades de pánico.
La ola, sumerge,
recuerdos pasados,
ven conmigo,
donde no nos alcance,
ven a mi lado para salir de este lance,
que si nos coge estaremos empapados.

Ven hacia la luna,
yo te haré de guía,
trae contigo tus ojos,
tu sonrisa,
trae todos los recuerdos,
ven deprisa,
trae tus besos,
que la noche, será fría.

Llegaremos arriba
donde el cielo llora,
pero marchan nubes
como hacían antes,
Azul tiñes el cielo,
se reflejan ahora,
Tus ojos brillantes,
preciosos diamantes.

Fue Ella.

Puedo conocer,
poner más de mi parte,
se mirar y no volver a tropezar,
ya solo quiero,
saber consolarte,
acariciar, mover, cielo, tierra y mar,

Ven aquí a tumbarte,
y a ser parte importante,
celebrar que nos preocupa el caminar,
y no el camino,
ven conmigo a imaginar,
pensar en lo que digo,
recordar lo que te pido,
que si sigo y no me paras,
lo habremos conseguido,
seré yo el que habla
y el vacío mi suspiro,
estaré recordando solo,
todo lo que vivimos.

Tengo que luchar,
quiero besar tu boca,
ver que todo vale
y cuanto cuesta la derrota.

Si merece la pena
caminar por tu olvido,
es que no supimos
bailar con lo vivido,
hagamos que un suspiro pase,
y recuerde otro momento,
dormido entre tu cuerpo,
entre el viento de una tarde
que acabase,
y que domasen,
segundos el tiempo,
que parasen para siempre,
sería todo un acierto,
ver que miente el separarse
y olvidar todo lamento,
que me gusta casi todo
y en quererte me concentro.

Son mil noches de una nada,
de una velada olvidada,
las que pasa en mi encerrada
tu sonrisa y tu mirada.

Que puedo hacer,
si no encuentro solución,
dejar arder silencio
y quemar el corazón,
siento como una caricia
que me embarga de pasión,
hagámoslo deprisa,
ven a mi habitación,

Que es sentir lo que nos une,
nada nos separa,
somos aquel que asume,
que la vida nos depara,
quererte de momento,
espera que te cuento,
que si acaba es por el viento
que llevó nuestro perfume.

Todo se ve mas bonito cuando voy contigo a mi lado
porque todo se ve desde otro punto de vista
desde el de aquel enamorado
que no quiere que el tiempo exista,
y que a pesar de que resista,
no puede dejar de besar tus labios.

Es mi corazón,
encerrado en una botella,
lo que liberaste de su prisión,
y que el tiempo se la lleva,
a un lugar de pasión
donde solo puedan vivir
mis labios con los de ella.

Haces que te quiera,
que mi corazón se detuviera,
pensase que eras un hada,
y que tu mirada lo viera.

Camino en la noche,
a perderme entre las sabanas,
no puedo parar
de pensar en tus lagrimas,
las que causan mis errores,
las que causan tus temores,
me levanto a la mañana
y pienso que estoy preso,
veo el verso en cada beso,
y me lleno de temblores,
es lo que tiene pensar
en otros tiempos mejores,
volar sin frenar
y dar rienda suelta a mis emociones.

Quiero ser contigo,
como la luna y las estrellas,
ser inherente a ti,
que con tus labios sellas,
un pacto entre nosotros,
que corre en nuestras venas,
que vosotros los sueños,
nunca voláis sin ellas,
son la clave, esas estrellas,
tu mirada,
y mi forma de verlas.

Fue en cada cruce,
donde cometimos un error,
se hacia oscuro y sin luces,
sin culpa ni perdón,
hacíamos mil locuras,
jugabas con fuego y corazón,
perder los papeles
y encontrar el borrador,
escribíamos aventuras,
un sueño revelador,
concluye un te quiero,
lo demás ya se lo llevó,
el viento desolador,
que de mil cosas que hacemos,
siempre queda el amor.

Sexo.

Esta madrugada me desperté de un sueño profundo. Creía que esos sueños eran mas largos. Me equivoqué. Las sabanas ataban mis piernas y mi sudor empapaba la cama. Tenía calor, mucho, y deseaba beber del agua que fuera llovía. Cada gota irrumpía en mi cabeza con el ímpetu de los grandes océanos, oscuros, tenebrosos, y cuya inmensidad apesadumbraba mis pensamientos. Era sin embargo agradable escuchar esa vocecilla bajo aquel monótono sonido. Otra vez, la misma voz, la que siempre me sigue adondequiera que vaya, como un fantasma impertinente o un hada mágica cuya compañía siempre se hacía notar.

Me desperté de nuevo. Silencio. Tras la tempestad vino la calma, y con ella aquel susurro desapareció. Pero ahí seguía, oculto bajo el manto de mi ignorancia, aquel que no me permite conocer lo que yo mismo sé.
Otras veces había advertido esa voz de manera distinta, pero aquella noche su constante deseo me hizo asegurar un objetivo.
Desde que mi cuerpo es dueño y esclavo de mis pasiones, no paro ningún día de pensar en lo que supone complacerlas en la compañía de aquella mujer de aspecto seductor. Me engañaba, me hacía creer que la quería, y eso solo escondía algo mucho más íntimo: la necesitaba.
Sus cabellos brillantes caían sobre su pecho, y contorneaba la figura que todo hombre querría acariciar, aquel dulce rostro de ojos fríos que quemaban por dentro. Era preciosa, y ella lo sabía, no era su voz la que me despertaba por la noche, era la necesidad de oirla la que cobraba vida e impedía mi sueño.
Tan sólo habían pasado semanas desde que estábamos juntos, pero esa necesidad vital de ser suyo, parecía que llevaba queriendo salir desde hace mucho más tiempo.
Ya era de día, y mis pensamientos se perdían como cada mañana entre los cereales del desayuno. No estoy loco, lo juro, no pienso en ello por estarlo, pero quizá tenerlo en mente me lleve algún día a la perdición. Mientras recogía mis cosas de la habitación, pensé en cómo sería aquella tarde de domingo a solas con aquella mujer.
Las cinco, quedaba ya muy poco. Ella apareció como de costumbre, con una camiseta ajustada de tirantes que realzaba su excitante figura, y con aquella sonrisa que se ponía para mi. Era fuego, fuego lo que sentía, necesitaba quemar mis instintos, calentar su aliento con el mío, hacer que todo aquello fuera como el sexo más pasional que uno pudiera imaginar. No tardó en descubrir mi torso desnudo, la temperatura subió de repente, y me sentía cachondo como nunca, pero como siempre. Sus manos recorrieron cada centímetro de mi piel y sus labios rozaron los míos solamente un instante, suficiente para suscitar el derroche de pasión. En seguida brotaron mis instintos, que habían permanecido en vida latente durante algún tiempo. Por fin, ya quedaba poco, bajaba sus manos por mi cintura, mientras besaba mi vientre, desabrochó mis pantalones con una prodigiosa habilidad, e hice lo propio con el sujetador que ocultaba en parte su figura. Tiene un pecho precioso, envidiable, que me gusta besar todo lo que puedo, me hace sentir algo increíble, un éxtasis pasional que hierve la sangre y me hace desvariar. Te dio igual, era tuyo, podías hacer conmigo mil locuras, ponerme como sólo tú sabes, controlando cada movimiento, cada beso, frenando adrede mis impulsos y eligiendo los apropiados para tu propio disfrute. Eso me pone, que domines la situación, que hagas conmigo lo que quieras, ser tuyo por un momento, justo antes de que pasemos a la acción y sea yo quien tome el mando. Mientras agarras mi cuello me miras y sonríes. Soy tuyo, me tienes, haré lo que quieras. Después sigues con tu actuación erótica, poniendo en contacto tu cuerpo ardiente con el mío, juntando ambos sexos que piden lo mismo, ser uno solo. Me agarras del pelo, ahora quieres que te bese, tú estas abajo y verte así me encanta.

domingo, 20 de mayo de 2012

Revisando nuestras fotos.

Todo acabó como predecían nuestros cálculos irracionales, el instinto.
Con la habilidad de quien se sabe experta en el arte de la seducción, acarició aquellos labios contra los míos, que imploraban ser mordidos por aquella huidiza suculencia protagonista de todo su rostro.
Ella siempre apretaba mi cuerpo contra la pared, en un intento involuntario de hacerse conmigo, y luego fuimos dos enamorados buscando refugio en la suavidad del sueño. Pudimos soñar con volar, con ser felices, jugar entre las risas de amistades perdidas con el tiempo, pero elegimos ser el sueño del otro.
En ese momento la lluvia irrumpía con su particular monotonía el silencio blindado, y yo me sentía de pronto aliviado, pensando en la eternidad de ese instante efímero, que siempre quedaría en algún rincón, esperando a ser rescatado por otro yo que supiera cómo salir de los problemas.
Pero hoy ese recuerdo no me ayuda. Hoy es el candidato perfecto para ser causante del peor momento del día, aquel en el que no puedo parar de pensar lo que fue, lo que pudo ser, y lo que ya nunca será.

Y cómo no acordarme de quien lo fue todo.

Que yo solo voy si tu vienes,
y si vienes me encontrarás
que ya sabes lo que tienes,
que ya sabes que te quiero,
que jamás verás
un amanecer igual.

La suerte me regaló un día tu sonrisa,
una tarde cualquiera y todo sería brisa,
en mi ventana sólo llovía,
y en mi pecho sólo ardía,
sólo quería darse prisa.

Y todo sigue igual,
ya nada cambia,
solo somos polvo residual
que baila,
en el viento,
seguimos fuertes como antes,
mirando desafiantes ese tiempo,
que no calla,
que ni deja hablar,
que enfada y entristece
por no poderte mirar.

Y aunque camine,
nunca lo dejo,
no soy yo, eres tú,
no me quejo,
te recuerdo,
tu voz, tu pelo y tu azul.

Perdí el sueño, y añoro no dormir.

El amor es el único complemento que nunca pasa de moda.
Todo comienza de forma improvisada, aparentemente inocente, como un virus que penetra en un organismo y cuyos efectos no son apreciables hasta que ya es demasiado tarde.
Llevas toda tu vida sumido en la más profunda ignorancia, sin saber qué es el amor, imaginándolo como un síndrome beneficioso, un estado alegórico de bienestar, un momento hiperbólico de felicidad, hasta que te contagias de un sueño que se repite cada noche, y cada mañana aunque no duermas, un sueño que impide cerrar los ojos sin evitarlo, una locura que deja en indefensión al que la sufre.
Después te das cuenta de que un porcentaje importante de lo que determina tu vida está constituido en gran medida por aquella persona que te infectó.
Entonces llega lo más dramático, esa sensación que te empezaba a llenar y que se convierte en costumbre, desaparece dejando un hueco que nadie más sabe ocupar.
Y es en ese instante en el que reflexionas que lo que nunca habías tenido se convierte en una necesidad vital. Ya es tarde.

viernes, 18 de mayo de 2012

O tal vez si.

Escuché implorando a las estrellas
Ser charca pestilente de veneno,
A una mujer rubia de ojos claros,
De cuerpo informe y aspecto sereno,
De sagrado perfume,
Desagrado perverso.

Hoy noche, seré jardín para enterrar prejuicios,
para ocultar la cara oscura de la Luna,
que permanentemente espía,
inconscientemente ofende.
Citaré al enterrador, y allí llegaré yo,
con mis alas y mi cuerpo
en la falsa perfección.
Hoy escribo para ti
con una lengua que no conocen tus labios,
¿Me pruebas? Seré cruel,
desprestigiaré hasta la última gota de tu esencia,
la esencia que algún día fue positiva,
ahora encarcelada en un odio irracional.

Tan sólo diré, que no fue para tanto.

Ella.

Se cree muchas veces perdida, 
pero yo la encuentro sin buscar,
será que es pequeña mi herida,
será que no vuelve a sangrar,
será verdad que mi vida,
ya no vuelve a girar,
será que mi suerte separa,
caminante,
y caminar.

Amaneció en mi cama,
dulce niña que acompaña,
mis sueños y mis versos,
cada vez, cada mañana,
cuando sale el Sol,
cuando cierro mi ventana,
cuando sólo somos dos,
y a ti te enamoraba.

Fuimos huidizos,
me escondí en un sueño,
conseguí ser dueño,
de curvas, y de rizos,
de viento y tormenta,
de tiempo y una vela,
que se funde, y desespera.

martes, 15 de mayo de 2012

Mi particular cuarto creciente, su sonrisa.

Tengo una herida fulgurante,
de una sirena muda
que nunca supo cantar.
El arma fue su cuerpo,
asedió mi voluntad,
durante días de lamento,
decidí irme a conquistar,
aquella isla virgen,
aquel regalo del mar.

-Vine a este lugar -te dije,
-por no buscar en otra
lo que encuentro en tu mirar,
ahora el tiempo es favorable,
ya podemos bailar,
lo que es inevitable,
se llama enamorar.

Y es que te fui a buscar,
sirena en el mar,
donde encontré tu sonrisa
en tu forma de mirar.

Ayer me enamoré de ella,
pasó en el cielo,
miré a una estrella,
y te conocí otra vez.
Iba de cortos, sonrisa pícara,
con medias en sus piernas rodeando su piel,
quise acercarme pero no podía,
quería demostrarme que soy fuerte,
y no lo logré.
Caí en su sonrisa,
sus labios y sus mejillas,
su nariz fina y pequeña,
su pelo cortando el viento,
su mirada otra vez.
Y no es la primera noche que la veo,
pero como si lo fuera,
anduve en un camino sin gente,
y sin camino,
solo veía el final,
y quiero estar contigo,
verte mientras vivo,
ser más que un amigo,
y poderte besar.

domingo, 13 de mayo de 2012

Enfermo.

Reniego de mis impulsos, de mis temores al miedo, me acobardo. Una estampida vírica penetró con brusquedad las vías, las arterias y cada capilar sanguíneo hacia una meta. Se retuerce y grita, es un espectáculo execrable, digno de ser condenado a cadena perpetua en las mentes más retorcidas. Su voz tiene cada vez menos fuerza, resuena débilmente a través del ensangrentado aparato fonador, y sólo repite "lo siento". Su arrepentimiento es negro, demasiado oscuro para ser tenido en cuenta, oculto entre la luz de la pureza virgen de su otra cara. Y no sangra, se duele, pero su sufrimiento no expira, se calma, para revertir su efecto devastador en un tiempo indeterminado. Estaba enamorado, esa era su enfermedad, servir a una mujer culpable, denostada por un odio naciente, que da importancia a su objetivo, en un intento vano de ser así más claro, menos confuso.

viernes, 11 de mayo de 2012

Una Ciencia impura. Una Racionalidad nefasta.

Soy un fiel escriba al servicio de una inspiración discontinua,
una musa dulce que aprende a ser amarga,
una ciencia impura,
una racionalidad nefasta.
Cuando veo que no llega,
muevo viento y marea y tiempo y espacio,
y nunca sé cuando parar.
Acabé por respirar un aire rarefacto,
por beber un licor de ninfas,
nacer todos los días
y morir entre las letras,
Y nunca despertar.
Quizá ya no esté cuerdo
y solo quede desvariar,
quizá ya no recuerdo
como reír, como soñar.
Ahora sueño, y soñando vivo,
porque vivir es soñar,
el sueño del cadáver,
que quiere reír, quiere cantar.
Esta noche el azul profundo,
el dorado estelar y el negro infinito,
mañana el amor será un ciclo
que repito,
de colores diferentes pero mismos adjetivos.
Y queda la luz más clara,
cuanto más corto es el camino.
Y queda la voz más cerca,
más cerca de mi oído,
pero nunca sé cantar.

martes, 8 de mayo de 2012

Casualidad.

Ven, que yo sigo haciendo sueños donde la luz impide miedos y los cielos se parten. Dos mitades se cubren con su velo, al tiempo que delaten entre el pelo, la inmensidad que aquellos fueron, sus ojos de fuego azul. Emiten luz propia, se apropian de pensamientos, otros cientos de sentidos y otros tantos de euforia.


Soy un fiel escriba al servicio de una inspiración discontinua, una musa dulce que aprende a ser amarga, una ciencia impura, una racionalidad nefasta.
Tiene un perfil delicado, y separado del odio por una estrecha fila de hilo invisible, que suelo atravesar sin cuestionar, y aparentar caminar, mientras vuelo en su horizonte sin gran habilidad.
Se cree muchas veces perdida, pero yo la encuentro sin buscar, será pequeña mi herida, será que no vuelve a sangrar, porque la tengo sin pensarlo, en mis manos, en mis brazos, pero en mis labios escribo prohibido con un cúter de metal.
Es difícil, guiarme en la noche sin estrellas, hice imposible lo fácil, se las doy aunque no quiera, pero nunca las cuelga de su cielo personal.
Y sé que no está abarrotado, que tengo otra oportunidad, hoy mi suerte me dio de lado, pero quiero intentar, arreglar con ella mi instinto, mi sentimiento, echar a volar, encaminarme hacia donde quiera el viento y encontrarla, por casualidad.

domingo, 6 de mayo de 2012

Se la llevaron las olas.

Amaneció en mi cama,
Fría, dulce, enamorada,
Ríe y luce su mirada,
Imitando al Sol del Alba.

Navegante no hay destino,
Repentino y singular,
Sin estrellas y sin cielo,
Sin agua dulce o de mar,
Con hielo y sin la estufa
Que te pueda calentar,
En las noches estrelladas,
En los días de frialdad.

Divagando entre el perfume,
Te quería conocer,
Sin ropa y en mi cama,
Imitar atardecer,
Por conocer esa mirada,
Esa forma de envolver,
Con tus ojos mis deseos,
Escritos en un papel.

Amaneció en mi cama,
Fría, dulce, enamorada,
Ríe y luce su mirada,
Imitando al Sol del Alba.

Y ahora que el frío me congela,
Sé que nunca podré volver,
A navegar en el mar y perder,
Esa embarcación de Sol y arena,
Que es de vela y comenzó a arder.

La Obra tendrá Luz propia.

Hoy llevo una piel que no me pertenece, porque conozco tu voz cuando amanece y cuando mece mi Luna el sueño.
Hoy despertó un cuerpo celeste acurrucado entre sábanas, indefenso, a la espera de un beso, de un abrazo, quiero ver tu cuerpo en mi regazo.
Hoy te quiero, pero es deseo, mañana querré ser un ocaso, que acabe con la luz, pero hoy te quiero, aunque no quieras, quiero estar contigo más allá de las estrellas.
Estoy desfigurado. Corren algunos rumores de que me hicieron daño. Ahora tras el fuego la quemadura arde, y el hielo no consuela lo que cabría esperar.
Soy otro desde que otra mujer me hizo suyo. La muerte es algo que el hombre no supera dos veces, pero ya quisiera yo lo mismo con el amor. Ella es dolorosa, me hace esclavo y su prisionero. Nunca seré el mismo, porque los cristales han hecho heridas en mis facciones que me hacen irreconocible.
Ella se llama de alguna forma que no recuerdo. Si lo sueño, hablaré. Hasta entonces te querré.

Contar que fueras voz y que no me creyera ni el viento.
Notar en mi tu luz, tu aliento, y que mi piel al acercarte me susurre "no la conozco".
Destellan algunas estrellas esta noche, sólo algunas.
Serán suficientes, dice el telonero, la obra tendrá luz propia, y se apropia de quien la ve.
Irrumpe preocupado un huracán salvaje, remolino demoledor, lo llaman amor, y viene de encaje.
Y en la sala, dos, sentados. Ahora se levantan, miran, hablan sin decir palabra.
-yo...
Se cierra un telón de plata. Oculta un escenario de mármol, frío. Pero se nota calor en los protagonistas, el huracán.
Él comienza.
-Suplicar que fueras ron, y que yo me quedara sintiendo, que siguiendo mi previsión, después quedará tiempo, y emborracharse.
Oí levantarse, esta mañana al Sol, y descubrí sin besarte, la Luna en mi corazón-.
Pero nadie escucha, el viento tenía razón. Pero es la razón la que lleva al error, y el sentimiento el que impide que el tifón pase, se lo termine de llevar todo por delante, y me deje descansar.

sábado, 5 de mayo de 2012

Sueño.

Ella hacía que el silencio fuera pura apariencia. Era un cuerpo de ángel, de nieve, delicado, compuesto por las intersecciones de sus curvas. Éstas formaban un mapa secreto que llevaba a la x tan deseada, aquella cruz, aquel pliegue que tantos hemos deseado lograr. Mis dedos recorrían los caminos con ansia contenida, sabiéndose vigilados por el tacto de aquella mujer. Si, era un autentico mapa, dibujado con la sutilidad de las estrellas en el celeste. Aprendí a leer el braille único de su piel.
Se incorporó en la cama, mirando a su alrededor, observándolo todo con curiosidad. Miró con ternura mi rostro, mordiendo con sus ojos mi yugular, explorando por qué mis imperfecciones no lo eran para ella. Imaginó que todo volvería algún día a la inocencia del principio, pero se entristeció entendiendo que este es un ciclo en el que hay cosas que nunca se repetirán. Su pelo descendía sedoso y brillante por sus hombros, tapando parte de su cuerpo desnudo, tumbado frente al mío, que soñaba con los ojos entrecerrados. Ella pensó que yo estaría soñando con nosotros, feliz, engañado bajo los focos de la inconsciencia que alumbrarían mis pensamientos. Y de pronto, se sintió más desnuda, más frágil, más vulnerable, expuesta ante las apetencias de mis deseos, que harían con su cuerpo lo que mi subconsciente consintiera. Luego pensó que tal vez esos sueños me llevarían a imaginar cosas imposibles, y temió sentirse culpable, por no cumplir las expectativas de mi retorcida mente, por no estar a la altura de mi imaginación. 

Tal vez debiésemos suprimir los sueños, porque es bonito tener alas cuando apetece volar, pero más vale no tenerlos, que nadie pueda cortárnoslas y hacernos caer en la realidad.
 
Ella después despertó. Yo estaba mirando sus ojos, obnubilado, admirando esa gracilidad expresada en sus labios.
Al día siguiente volvió a despertar, sin poder diferir sueño y realidad. Me vio atado a su cuerpo, con una sonrisa tímida.
No podemos dejar de soñar porque es el motor que nos impulsa en el más profundo vacío.
Ella recogió mi cuerpo entre sus brazos, inerte, cogió mi cabeza con una mano y el resto del cuerpo se lo puso a la espalda. La sangre había manchado la cama y la herida que abría mi nuca aun estaba enrojecida. El olor era nefasto, repulsivo, pero su combinación con el perfume que aun rezumaba de mi cuello excitaba a aquella mujer. Tras meterme en el congelador, juró no volver a utilizar sábanas limpias cuando me utilizara como su juguete, le desagradaba el olor a naftalina o suavizante.
Mi cabello ya no se erizaba por el frío, y mi cuerpo procedía a su descomposición, pero no me importaba, estaba muerto desde hacía once horas.

jueves, 3 de mayo de 2012

Afrodita.

Vi el Sol sin ser Idalia,
Y ahora Venus despertó,
Surgiendo de la espuma
Que rezuma en su color,
Volando entre dulzura,
Vientos de azul y amor,
Afrodita que enamoras,
Ven a la noche,
No olvides tu voz.


Era su mirada, estaba claro, enamoraba a cualquiera, viera quien la viera, abandonaba su mano, la desposeía, en un intento inútil de hacer vagar su pulso por otras rutas menos explotadas, más vírgenes. Todos la conocían, era la reina del baile eterno de la música, la musa de quien requería inspiración, y del que sólo buscaba placer. Era única, y común. Todos la querían, deseaban, contemplaban... Pero ella no seducía, era su esencia innata, un halo invisible de misterio y odio a lo que se alejaba de la pureza.
- ¿Quién?. Nunca había respuestas, los sueños no querían contestar. -¿La conocía?...

No, era aquella de la que todos hablaban, pero... Si, la conocí, pero no parecía tan... tan hechizante...
Hice bien en utilizar ese verbo, en ese tiempo, porque da la opción de cambiar todo lo dicho, transformarlo en una negación que ponga en duda mi capacidad de asimilar, de percibir, o describir.
Las apariencias engañaron, o me engañaron a mi.
Afrodita me enseñó el placer que otorga visualizar la estampa de su perfección. Un placer al que me hice adicto.

Al abrir los ojos encontré su sonrisa en mi boca. Aquello no era de extrañar, el sentimiento era mutuo, y nuestro silencio había dicho más que algunas de mis palabras torpes. Ella siempre decía que no confiaba en lo ajeno, lo desconocido, lo extraño... Pero su mirada llevaba mucho tiempo rendida a una fuerza inexorable en la que nos veíamos involucrados los dos, a ciegas, en una oscuridad placentera, un frío que tensaba, tensión suave, suavidad abstracta.
La complejidad de aquella sensación no frenaba ese impulso involuntario, sino que lo seducía, como un agujero negro, un puente hacia un universo paralelo, una transición reversible que nos llevaba a un mundo de fantasía... Y de destrucción.
Se deformaron los conceptos sobre los que se asentaba lo nuestro, ella se empeñaba en huir de los espejismos de ilusión que yo creaba, y yo me aferraba al mástil más frágil, de una embarcación que naufragaba sin remedio.
Pero esa divergencia evitaba cualquier monotonía, y creaba una historia de norias de feria, con cimas y faldas debajo de las cuales era mejor no mirar.
Por eso me había besado, para llegar a aquel punto álgido de éxtasis y clímax, para sentirlo corriendo por los vasos sanguíneos de mis ojos.

No hubo ocaso en su horizonte porque la luz cegaba con rabia su dolor, le servía en bandeja nacarada lo sublime del placer, un constante ajetreo de aves migratorias que vuelan hacia un punto concreto, de clímax.
Era dantesco el escenario de tal pareja, atroz la visión del espectáculo humedecido por una lluvia fina, molesta. Ambos se miraban en la acera de una rotonda en cuyo centro se alzaba una fuente que fusionaba su agua con el de las precipitaciones en un repetitivo ciclo. Las nubes se amontonaban sobre sus cabezas, fundidas con el cielo, tiñendo de blanco y negro sus besos, una pena para la mirada de ella, azul y resplandeciente, que apenas se discernía a causa del nefasto tinte. Sus manos blancas sí resaltaban en el contorno del cuello ajeno, y sus labios hinchados pedían sexo a kilómetros. Los de él se precipitaban a tientas en la oscuridad de la otra boca, adivinando con la lengua el tacto de esa sonrisa, que parecía inalcanzable, ahora a unos pocos centímetros de su cuerpo, tangible como su culo, su vientre, sus senos...
Ruborizándose por dentro, conteniendo el furor del objetivo conseguido, me adentré en aquel que soñaba despierto, y comencé a sentir deseo...
Todo había salido bien, después ella se marchó.
Tras la invitación que sugería el capricho de mis dedos, nos encontramos ocultos en mi habitación, deshaciéndonos de la ropa mojada y caliente... "Era la excusa perfecta" pensé luego, pero después recordé que esa estampa se podía repetir sin depender del azaroso clima. Los cuidados bordes del sujetador dibujaban la silueta provocadora de unas tetas suculentas, proporcionadas, deseables, casi comestibles... Sus dedos acariciaban mi torso desnudo, erizándoseme el vello en una mezcla de escalofrío y placer. Ella entonces no sentía nada más que deseo, calor, y un amor más carnal que sentimental. Pero daba igual, ese era el trato. Desabroché su ropa interior con una maestría precipitada, más fuerza que maña, con inutilidad del que ansía recoger su voluptuosidad con el cuerpo propio, haciendo mío ese pecho, esa cintura y esos muslos de carne ardiente........

miércoles, 2 de mayo de 2012

Entre sábanas.

Después de esa mañana, nada sería igual. Su cuerpo había sido mío por unas horas, suficientes para satisfacer lo más íntimo de mis deseos, toda una suerte de inventario pasional que compendia desde lo más fiero de la suculencia de la carne hasta la fría sutileza del sentimiento.
El amor a veces es una avenida secreta, a la que se llega por miles de callejones ocultos, invisibles.
Otras, es un fluido que se expande como las ondas tejidas por una piedra tirada a un estanque.
También puede ser como la misma piedra que cae a lo más hondo, lo más profundo, rodeada de un ambiente gélido, tenebroso, extraño...
Su espontaneidad se hacía notar con cada gesto, ella no pensaba como las demás. Nos acurrucamos entre sábanas nuevas, dejando que nuestros cuerpos se dieran calor, manteniendo el contacto físico en todo momento. Pero era el visual el que esclarecía esa temperatura, síntoma evidente de que las sábanas no eran necesarias, pero no las apartábamos, como cuando miras llover a través de la ventana metido en sus pliegues, junto a tu almohada.
Jugábamos a sonreír sin ser vistos, a ocultar nuestros labios en el cuello del otro, a susurrar delicadezas, a hacer que el silencio fuera pura apariencia.
Ella perfilaba mi cuerpo con las puntas de sus dedos, en un ritmo implacable, dulce, caliente.
Yo no me podía limitar a observar aquella escena, me hice protagonista en un arrebato de pasión y lujuria, y después, la deseada monotonía que nos esperaba desde que empezamos, aquel objetivo que se encuentra sin buscar, ese fin que supone el comienzo de un ciclo irrepetible.

Soñé despierto que soñabas con mi sueño, y ahora el silencio sabe que no podemos perdernos en palabras, sino en sábanas y en mi cama, mi cariño, tu mirada.