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viernes, 6 de abril de 2012

Todo.

Su vestido blanco dibujaba sonrisas en los rostros. Su contorno rodeaba el de su cintura, y dejaba ver su cuerpo claro y desnudo a la imaginación, que irrumpía entre los botones de la camisa que abría enloquecido. Sus piernas subían por unos tacones nuevos y llegaban a la sutura más perfecta, al cuerpo más perfecto, a tu cintura de nuevo. 
Perdido, enamorado, buscando el camino entre esos senos que introducían tu rostro de labios suculentos y enrojecidos, carnosos y brillantes, envoltorios de la sonrisa blanca más pura e increíble que había visto nunca. Su sonrisa era cuarto creciente en un cielo blanco en el que dos estrellas azules de centro acaramelado brillaban con un fulgor que fascinaba. Sus mejillas sonrojadas ardían con cada cruce de miradas, y tendían a mostrar lo que pensaba.
Fuimos un puzzle de dos piezas y ya nadie sabrá encajar como aquella increíble parte que fue mi todo y sigue completándome.
No quiero ser uno más de los que siguen tus pasos, tu estela efímera y eterna, tu imagen sutil, delicada y ferviente, desatada. No soy uno más, soy el uno que una vez lo consiguió y seguirá luchando por recuperar lo que nunca se debió perder. Soy tuyo todavía, no tardarás en recogerme del suelo. Sólo espero no ser añicos de un regalo nuevo que se te cayó de las manos, y que ahora intentas recoger sabiendo que se te caerán de ese modo. 

Quiero que me recompongas, volver a ser contigo todo.

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