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domingo, 22 de abril de 2012

Sonido bailable a merced de tu mirada.

Sonido bailable,
un infierno agradable,
quisiera ser la rabia
contenida que me calme,


Luz matinal,
iris azulado,
melancolía otoñal
que vuelve del pasado.


Polvo de luna,
luz de estrella,
cielo quebrantado,
aliento desatado,
pacto que ahora sella,
bella durmiente en la laguna
que ríe y siente mi locura.


Leo cada curva de infinita travesía hacia una perdición soñada de la que cabe esperar lo más placentero de su cuerpo, su tímida desnudez.
A merced de su mirada ahora calla la tormenta.
La lectura es mi afición desde que es mi libro abierto, aquel de donde aprendo nuevos términos, nuevas experiencias, nuevos placeres, por lo que disfruto acariciando las páginas, cada pliegue, la intersección de nuestras miradas que se funden al calor de la velada.
Esta noche las sábanas también juegan, se enredan entre las piernas buscando el contacto permanente, el constante calor de sus muslos, y templan la temperatura que antes erizaba el vello.
Es tarde. Otra noche de sueño.

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