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viernes, 6 de abril de 2012

Pusimos rumbo al norte, y lo perdimos.

Es de hielo quemando cenizas, de un pasado perpetuo que agoniza en las esquinas, 
de un camino infinito encendido de estrellas, que lloran en el horizonte envidiosas de la luna. 
Al amanecer se callan, suavemente resbalan por un arco entre nubes que se parten por la mitad. 
Son fugaces, son miradas que nos miran cuando no quieren, que parpadean celestiales en un océano de aire frío, 
en un mar de inmensidad única que tiembla entre los rayos y rugen reclamando la herencia de los astros.
 

Hoy ya no brillan, sonríen, danzan entre suspiros y desaparecen en la nada, 
se mueven instintivamente en el recuerdo, invisibles, ausentes, pero presentes en la mente. 
Hoy ya no lucen. 
Se apagaron tras la ultima función. Mañana seremos polvo y volaremos bailando entre las nubes que algún día nos dieron vida.
Hasta entonces, todo habrá sido un cuento sin final del que no queríamos saber nada.
Hasta entonces mis lagrimas habrían tenido sentido.
Hasta entonces, y sólo hasta entonces, te habré querido.
Hasta entonces y sólo hasta entonces, todo habrá tenido sentido, y si no lo ha tenido, nunca recordaremos el camino.

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