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martes, 17 de abril de 2012

Espiada.

La suavidad protagonizaba cada roce sutil de su piel.
Éramos juntos sueños recompuestos, una mezcla heterogénea de sentimientos, pasión y calor, mucho calor.
Su vestido bailaba alrededor de un cuerpo grácil, delicado, púramente contenido bajo el tejido.
Ahora yace inerte, sin esa vitalidad dada por su dueña, como si hubiera perdido el alma que seguía latiendo bajo su pecho.
Ella cierra los ojos con la inocencia propia de la virginidad, sabiéndose espiado su cuerpo por mi tacto y mis ojos, que recorren cada palmo, cada curva, cada pliegue...

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