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domingo, 9 de diciembre de 2012

Yo tu barco, tú mi puerto.


La palabra atar tiene mucho sentido. Imagínate que eres un puerto infinito, yo sería un barco amarrado a ti...
Pero mientras tú tienes miles de barcos atados, para mí tú eres mi único puerto.

martes, 4 de diciembre de 2012

Qué prefiero.

Prefiero embadurnarme de arena contigo y que no importe si hace frío, ver de película un desenlace aunque fuera intuitivo, y huir donde solíamos ser nosotros.

No quiero más cielos rotos, quebrándose como en el vacío, odio la soledad del poeta que a su musa debe la vida, y bebe un licor fino de hierbas para calmar el dolor de la sequía.

Así me inspira, y allí aflora lejos, en un lugar de ensueño de sonrisas y azulejos, donde se calma ese vacío que me hace morir por dentro.

En un intento de despejarse se duele mi delirio, y en un momento decide si arrojarse en su martirio, o atreverse a enfrentar al tiempo.

Y lo de siempre, aún más viento y una gravedad asfixiante hacen de este kamikaze un suicida indolente...

Prefiero imaginarte, rescatarte de mis sueños, traerte aquí de vuelta y querernos sin hacer daño, inventarte poemas cortos de significado eterno, y evadirnos de un pasado construyendo así un nosotros.
Prefiero ver en tu regazo mi cielo y que las estrellas sean tus ojos, tu mirada el firmamento.
Prefiero que así sea aunque contemple así drogado los astros de caramelo.
Prefiero invadirte con el arma de mis sueños, hacerte mil inventos y verte dormir al amanecer.
Prefiero ver apoyada en mi almohada aquello por lo que hacia mi ventana suspiré.
Prefiero encontrarte en mis noches de tequila, limón y sal, y que se cumpla mi deseo de ver una sirena del mar.
Prefiero dibujarte, escribirte y susurrarte de mil formas que en mi vida si no eres medio el fin no es importante.

Bueno, quizá si te dijera lo que prefiero nunca más volvería a verte.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Vagando entre andenes.

Un aura fugaz de cristal y efímero como el viento,
heridas inundadas de sal, yo vagando en el metro,
que sea lento este tramo y me deje volar el tiempo,
porque entre sueño y sueño me quedo siempre sin alas,
sin aliento...

Así confundo el deseo con lo que siento,
en un intento inútil de parar al movimiento,
haciendo que se quiebre el cielo y mueran las estrellas,
haciendo morir al silencio y a mis ganas de vencerlo...


Entre andén y andén dejo olvidado lo que me trajo,
y así viajo sin destino por este camino envenenado...
Escuchando en technicolor un braille de agudos,
esnifando la arena del tiempo, encadenado sediento
a un oasis de ensueño, oyendo gritos mudos,
en un éxtasis de cera de una vela que ya acaba de fundirse,
en un sin fin de errores que no hacen más que arrepentirse,
huyendo así de temores, de segundos,
que no buscan otra cosa más que consumir su fuego
en una anoxia irreversible, y así se detiene,
la llama se apaga, muere, se enfría, se hiela,
termina en el vacío en el que algún día nació.

Por qué escribir.

El escribir no es parte de ningún motivo,
la razón ando buscando mientras cruza mi locura,
de mecer mis noches sobre la luz del verso,
de amanecer de una vez en el olvido,

y así encauzo medios para lograr la cura,
la rotura de las vías de este andén de plan difuso,
el vestido que lleva mi musa cuando sale de mis sueños,
el perfume que me inspira cuando lo veo todo gris,
quien da color al sentido de ver solo una razón,
la mirada que me alienta a partir rumbo a París...

Poder seguir así no es fácil, qué ironía,
no duermo ahora de noche
y también sueño de día,
y así embargan mis sueños
el placer de imaginarte,
ardiente melodía,
divagando entre mi verso,
en un rincón perdida,
en algún lugar del universo dónde nace mi poesía.

Sonrisas de cristal y mirada de acero, y del ímpetu del aguacero, su inclemencia en el mar, en la noche un silencio de aguas tibias me invita a soñar, y al mirar de frente a las estrellas se me olvida caminar...

Dicen que vuelan con el tiempo las caricias, su bailar, y su piel fina y blanca, y sus ojos, su mirar... el incienso aroma de plata inventada por dibujos de sal, y se me dibuja entre caladas el humo blanco y solemne de paz... y la armonía se detiene de pronto, y el engranaje acelera mis músculos, en un intento fugaz de andar... y se van mil ocasos y nunca alcanzo ninguno, y se pone el Sol mil veces y me atormenta la Luna... esa figura morena de nariz fina y pequeña y avellanas, que al cantar, oh diosa afrodita, que sea mi musa en su portal.

.

El puto amor.

Un silencio que no quiebre el vacío, una sustancia que no evite el orgasmo, la sensación de ver la vida como si fuera cosa fácil.
Es de ese frío que duele, que marca las venas, que no entiende de alivio ni con el calor de mil labios...
Una soledad inviable, un infierno aparente, una intuición suicida la de querer enamorarse de quien ignora tu locura...
Sigo aquí, ¿recuerdas? Hablo solo con mis ganas de vivir, que me juraron acompañarme siempre y esta noche me fallan.

O quizá sea yo que no quiero escucharlas gritar que aún puedo salvarme si me alejo del abismo.
Algún día me sobraron las ganas de volar, y al siguiente me cortaron esas alas...
Parece como si la gravedad me quisiera asfixiar en esta calle oscura de la vida.
Parece como si mis ganas de soñar hubieran sido condicionadas, una falsa libertad encadenada a un algo que me daba siempre el aliento que me faltaba...

Y amor lo llaman unos, pero cómo jode para ser tan bonita la palabra. La odio... no, la desprecio, que es distinto.
Aunque sería mejor obviarla, asentir a esta vida como si estuviera loca, siendo nosotros los locos manipulados por el destino, el puto destino.

No, no me gusta pensar eso, entonces mi vida no tendría sentido, me limitaría a contemplar su transcurrir desde la comodidad del espectador, cuando nosotros somos los únicos protagonistas.

Pero con el puto amor es distinto.

Reloj de pared.

Recuerdos oxidados
y un intento fugaz de crecer,
convirtieron al pequeño iluso
en un reloj de pared,
pendiente del tiempo y no de mecer,
aquella sonrisa de hielo,
aquel blanco amanecer...

Esos labios de cera que se derriten en su piel,
esa mirada de guerra, ese poema en papel...

Su cuerpo es poesía física, arte astral y casi divino,
su mente es de hierro forjado, duro y frío, esquivo...

Y las noches... qué decir de las noches 
más que son su excusa para soñar,
acompañado del mar,
de su pequeña musa particular...

Le hace falta cristal,
y un velero de acero,
para poder navegar
en el frío de Enero,
con una botella de alcohol...

Unidad Vacía.

Llévame dónde quiera la marea,
dónde nada importe menos
que un beso en tu portal.

Hazme ver reflejada la Luna
cuando quiera estar contigo
y te hagas de rogar,

Ya dijeron muchos que era complicado,
que la vida es suficiente
sin importar la otra mitad,

Ahora les digo "tarde, yo no fallo"
la encontré buscando un año
bajando las calles de mi ciudad,

Y no es verdad, no está conmigo,
pero ahora sé sentir lo que algunos llaman unidad,
pero vacía,

y así mi mente fría
se congela sin saber,
con la duda eterna
de cómo tuvo que ser y no fue,
al terminar mi día.

Mi Musa particular.

Enfadado encauzo penas a las ruinas de mi cárcel, 
la memoria me castiga y el destino sabe a mar,
acostumbrado el tiempo se ha cansado de esperarme,
luego tuve una cita con mi musa particular...

Aquella sirena castaña,
de ojos marrones y piel clara,
aquella sonrisa blanca, de marfil,

melodía aural y sináptica,
su voz dulce de anís...

Se me quiebra el aliento,
un estremecimiento y frío
me recorre por dentro,
en un ansia eterna
de verme desvariar...
y de pronto sueño,
sueño y me vengo,
y se viene mi musa
para navegar.

Libre designio de Musas.

Me retiro al libre designio
de lo que piden las musas,
me inspiran las letras
y me ruegan los sueños,
y me deshago
en mil aventuras de ficción remota
y en las kamikazes arenas del tiempo,
en un intento iluso
de salir ileso de este trance suicida.

Me recuerda mi pequeña
a un sueño que tuve,
dónde anclaba mis penas
en la tierra de un jardín,
dónde cuelgan para mí
las musas que entretuve
y que ahora el mundo ahoga
en recuerdos al dormir.

Sé que ella es un ángel,
una prueba y un martirio,
pero sabe mi delirio
que la locura es mi salud,
y al baúl del olvido
guardo viejas alas,
que volaban por sí solas
en aquel cielo azul.

Mi estrella ahora es mi musa
y no me duele su calor,
y ante la lluvia no reparo
en si cesa su fulgor,
y encallado busco un puerto
al que amarrar esta ilusión
porque de nuevo espero luz
iluminando mi razón.

La locura es de filósofos
y de idiotas que se enamoran.
Yo soy loco doble
porque filosofo del amor.

Buenas noches, princesa.

Amanece en mi ventana, 
ya se cansaron mis sueños,
de no hacerse realidad en años
ni en mi cama,

ya no acechan los recuerdos,
sólo acecha su mirada,
y en su devenir el tiempo
me dio una calada,

y esta droga sabe a miel,
sabe distinto,
sabe a conocer que por nada ya desisto,

y esta vida es crucigrama,
la solución un laberinto,
aunque es distinto esta ocasión,
sueño estrellas en mi almohada.

Buenas noches princesa, la noche te acompaña,
quisiera ser la lluvia que golpea en tu ventana,
y así ser espía de mi musa y su mirada,
de la Luna y las estrellas, de caramelo irisadas,
y amanecer helado, el viento ancla mis penas,
ya no clavan las espinas que otro día me han cansado,
porque me saca siempre la sonrisa, es su regalo,
yo sólo me digo "duerme y sueña", "ya ha llegado".

La Luna, mi musa. El firmamento, de papel.

Entre verso y verso se escondió la Luna, 
entre noche y día sólo la eché de menos,
y alguna vez pregunto a mi fortuna,
que se siente con sus besos,
es terapia de locura.

Esa mirada suya en el gris del firmamento,
entre gota y gota del cristal de mi ventana,
de mi almohada mojada que refleja alguna lágrima,
entre calada y calada este humo me hace sombra.

Entre palabra y palabra su sonrisa me abandona,
en el sótano me alumbra una luz improvisada,
con el ímpetu del viento y su voz distorsionada,
sólo lo sabe el tiempo,
mi vida es cuestionada.

Y al fragor de la escritura lanzo penas y derrotas,
y en su honor levanto las tierras de un jardín,
de jazmín envuelta quiso venir a embaucarme
y el dolor de cuando avanzo de mi quiso salir.

Y en la Luna escribo, claro, un ideal de ensueño,
pero cuando me levanto enseño a mi musa dibujada,
y entornada la puerta quise abrirla hacia una meta,
dónde pierda a mi destino, dónde vuele mi cometa

Y es mi sueño realizado tratarla como ninguna, y que a la una se haga tarde un intento de morder.
Pero la noche es larga, ahora la escribiré, que la Luna sea mi musa, el firmamento de papel.

Óxido de Otoño.

Estaba aquí encerrado, en una noche nefasta, un frío quebrantador, un infierno robado, una habitación vacía... 
y me encontré degollado, en un derroche de fiesta, un río de sangre, un invierno matado, una razón que desvía...
y sus labios no aparecían, y eran mi excusa, y aunque ellos ya lo sabían, faltaba mi musa, y no podía bailar...
Y aunque no le seguía, siguió caminando el tuerto por una ladera de sueños, una centena de engaños, que le sostenían... y nunca paraba de andar...

Y así llegó una primavera difícil de imaginar, imposible de olvidar, de tanto dolor que guardaba, y desaparecía como si no hubiera existido jamás...

Porque lo quiso él, en su voluntario asesinato, que no fue suicidio por pura locura...
Y "puta locura" la llamaba él, al ver a una mordedura fatal que le dejó una cruz, en su memoria, sus ojos, su mirada azul...

"Que ya no está", le dice la razón, "que no importa", se convence a sí mismo, en un intento vano de recordar su presencia...
su esencia, la de algunas flores de primavera, de begoñas rojas que saltaban a la vista, en medio de una hondonada de recuerdos que quisieran caer en el olvido, y no sólo tropezarse... como siempre, vida de inmensidad inabarcable, de sueños, de esperanza ilusa, de fracasos desdeñables...

Es el otoño que trae consigo una oxidada presencia de lo que algún día sucedió, en ese verano de playa, de mar, de arena, en el que puse mis labios en los de aquella sirena...

jueves, 9 de agosto de 2012

Cielo Cambiante.

De un mar que nunca oscurece oí hablar a un tuerto marinero, que "era de azul cielo si amanece, de ámbar y nácar a la tarde siempre entero", y mil historias callejeras de un marino ciego, con la enfermedad de la imaginación, en el invierno de enero y su calor eterno.

Aquí, bajo el verano de mil estrellas fugaces, soñaba que estaba contigo. Y maldecía a la Luna por ser llena, porque impedía ver la claridad de algunos astros. Nos tumbábamos en arena suave y fría, al compás nos abrazábamos, del baile en las constelaciones, de meteoros y su agonía, por alcanzar la fina linea del firmamento de cristal.

Ahora una fractura escinde ese cielo de metal plomizo, y la lluvia inunda el campo blanco de la esperanza de que las lagrimas nutran de nuevo mis sueños.

Echando de menos.

Que nadie se entere, que se espere sentado el tiempo que nos vio crecer,
Que encienda esa llama, que la mire callando, que no apague su arder,
Que se quede sin hacer nada, y que bailando se pueda perder,
Que las estrellas nos iluminen después del amanecer,
Y que podamos ver, entre sabanas y dos miradas, todo lo que podemos querer, lo que nos queda por saber y pendiente de hacer,
Son las pistas que nos quedan, ven, que conmigo las podemos resolver.

Y ahora que te vas,
donde ya no puedo verte,
miro a las estrellas deseando conocerte,
encontrar en la luna tu sonrisa,
imaginarte,
acariciar palabras y al oído susurrarte,
que echar de menos nunca fue tan importante,
como ahora que te quiero ver,
borrarme la sonrisa,
hacerla desaparecer,
hacerla mayor si cabe
y las lagrimas secar, perder,
que el agonizar acabe,
y dar paso al soñar,
que me faltas a mi lado
y sufro cuando no estás,
Te echo de menos, preciosa,
vuelve si te vas.

Otro anochecer igual sólo alcanzable con mil drogas. Hoy, sobrio. Sonríe en el cielo un cuarto creciente lunar.Sonrío. Llueven estrellas, como cada noche, rompiendo en mil pedazos la oscuridad. Frío. Tiemblo. Me canso. Muero en mi colchón. Me termino. Me consumo.

martes, 31 de julio de 2012

Inmersión de riesgo en el azar.

Me hallo perdido en la más profunda virtud pragmática del deseo. Soy un fin al que han desembocado mil causas. Soy consecuencia de la necesariedad de mi destino, de la efimeridad de mi paso, y de la eterna agonía en la que me sumergí por azar.

Ya no sé reír, ya no sé soñar, y ahora me planteo si podré seguir soñando, o si las pesadillas protagonizarán las pocas horas que dedico al descanso. Así ocurre últimamente. Así quiere verme la suerte, intentando alcanzarla con probabilidades nulas de éxito.

Esta mañana ella decidió cambiar mi destino. Pudo elegir hacerlo, privilegiada, a cambio de un beso en un portal de mármol veteado.

No más rosas en mi jardín.

El viento esta noche invita a describir su aroma, ese aroma de la ciudad mojada. Suenan las ramas peleándose, la monotonía de la lluvia en el asfalto y la Luna oculta tras las nubes susurrando. La noche es curiosa aunque no haya estrellas, porque la melancolía del otoño se camufla en esta tormenta. Y si fuera un lienzo este cielo gris, sería su lluvia quién pintara de color al que hoy maneja el pincel. Porque sí, este cielo gris pinta sonrisas.

La deseo en secreto, así que espero que el olor de la lluvia me traiga más sueños que recuerdos la melancolía. La necesito, furtivamente, la quiero a hurtadillas. Pero ya dije que en este jardín no quedaba sitio para los rosales, y menos para sus espinas, aunque quizá tampoco para los pensamientos divagantes, divergentes e ingenuos de otras flores.

Historias de Metro.


Y qué escribir que no haya escrito ya, y el qué dirán, qué mas dará, si es que vuelvo a ver una luna sonriente en cuarto creciente que ríe y siente y me acerca al mar, sin naufragar, porque el mástil se hizo de acero, bien para soportar tormentas, bien para taparme el agujero.
Así va mi navío, donde el viento quiera llevarlo, hacia el Sol algunos días, al final de aquel verano, y otros a lagunas frías que no quieren recordarme.

Es por ese veneno de tarántula, o de cuando me mordió aquella arpía, no me acuerdo, soy primerizo en esto de las heridas que tardan en cicatrizar, y pionero en este habitáculo de paredes rojas donde las ventanas rechinan y que algunos llaman corazón. El mío a veces late, otras no, o eso es lo que sientes cuando alguien se empeña en abrir esas ventanas sangrantes por las que hoy sé escapar y encontrar la luz a través de los ojos de quien me hace soñar.
Son historias de metro, de un don nadie que se cree más fuerte por levantarse siempre, pero es que alguien dijo que quien sabe levantarse nunca se sentirá fracasado... Eso dicen los afortunados que saben evadirse del pasado. Yo no sólo no sé, es que mi futuro se determina por el juego constante del pretérito y el azar, el viento, el tiempo, soñar, caminar sobre las aguas que a veces emanan de las estrellas, bailar con ellas, cantar que si quiero seguir vivo el pasado no me detendrá...

Y llega la noche y no duermo, los cadáveres no duermen, dicen, yacen, y así me siento, bueno, me tumbo, sobre la cama en la que yacíamos los dos.

Siempre podremos soñar.

No evito ver ennegrecer la noche sobre nosotros. "Que vuelvan mis navíos" repite un capitán de tierra con recelo. Yo saco una bandera negra y queda clavada sobre el asfalto. Nunca volverán, naufragaron, con mi esperanza de volver a gobernar un cuerpo que sólo aspira a un polvo, de ese iridiscente que a veces brilla en la oscuridad del cielo siniestro. Que vuelva la soledad a hacerme caso, que me ayude a pensar, como tantas veces, la manera de salir de aquí sin un rasguño más. "Que duerma" me dice, "que sueñe" le corrijo. Es lo importante ahora.

Por una buena causa.

"Todo fue por una buena causa" me repito inconscientemente. ¿Por qué mi corazón trata de buscar excusas para evadir la culpa de haber tropezado en un abismo de tormenta?
Parece que me niego a cerrar algunas brechas.

Busqué una cura para un mal sin remedio, una salida en el fuego del infierno, y tropecé mil veces con el frío del mismo invierno.

Sin condicional.

En esta noche gris no caben más estrellas.
Con tu mirada inundas mi cielo, mi techo, el abismo insalvable que nos mantiene a una distancia prudencial. Son mi excusa para soñar, incumplir la condicional y mi promesa de dejar las drogas hasta el final.
Son una guía extraña en la penumbra de una sombra maldita, una atalaya que alcanza a enseñarme el camino entre las calles mojadas.
Son mi seguro ante el fracaso, el aire que respiro para vivir y seguir soñando mi sueño, que protagonizan, otro bucle infinito cuya finalidad es facilitar que pueda alcanzar la felicidad comprendiendo la belleza absoluta de las pupilas dilatadas.

Suenan algunos recuerdos grises, y traen ahora color. Espero que traigan además el sabor por el que llevo suspirando semanas.

Me duelen algunos huesos, tras el accidente me ingresaron aquí, como consecuencia de mi progresivo desangramiento. Las cuchilladas habían sido profundas, pero sigo queriendo a esa loca que me mantenía con vida antes de querer arrebatármela para siempre.

viernes, 29 de junio de 2012

Somos polvo residual.

Detrás de mi antesala
haciendo letras,
dudas si copas,
vas a espadas por si pican,

sudando versos pido besos
de mil formas pero ceso,
me canso,
ya me quedo sin tinta,

es una finta al destino
que me acosa por mi cita
que está escrita a permanente
aunque yo no lo permita.

Y
¿Cómo no bailar con una estrella?
Dejando huella,
sudando tinta en mi papel,
fundiendo con mis labios,
la cera de su piel,

vagón de sueños,
descarrila mi tren,
haciendo daño,
sin recordar cómo fue,
haciendo historia
de un final que, insisto,
nunca supo bien,

¿Quién?
el pasado es siempre igual,
somos polvo residual
de lo que fuimos y olvidamos,

y es que sólo recordamos
que nos marcan malos sueños,
un vagón lleno de engaños
que ni llorando deshago.

Espejos.

Hoy soy la esquina de un espejo quebrantado. Permanezco roto, esculpido a golpes de las manos del tiempo.

Mi cristal fraccionado refleja convexidades y concavidades de lo que parece un pasado perpetuo y un futuro incierto y desgarrado.

Me queman las extremidades, dejo de sentirlas en el momento de inmersión al sueño.

Me siento ebrio, precisamente porque dejo de sentir. Es extraño. La droga se acumula en mi sangre y su efecto se hace tangible. Sueño.

Sueño que me levanto de una playa virgen, y llego hasta los labios de la tierra, que rozan mi piel con el tacto de un beso cálido. Me estremezco.
Ahora todos mis sentidos están hipersensibilizados.
Mis movimientos involuntarios dirigen mis brazos a rodear de nuevo la virginidad de aquellas arenas. Se palpa la sensualidad bajo las sabanas algodonosas de las nubes. Mis párpados se cierran.

Amanecí en mi cama, junto a la única musa que me impulsa a relatar mis sueños. Acaricié su cabello, pasando mi mano por la cintura primero.
Después desperté, otra vez.

Más tormenta.

Oigo inciso, espero largo,
calle de viento huracanado,
de sueños acabados,
derroteros inundados
con lo que fueron días de Sol,
jamás son olvidados,
son grabados con razón,
escrito a fuego lento
en la sangre, el corazón,
que late cada tramo,
cada parte,
que dirige su propio rol
hacia un destino incierto
de champán y hacia delante.

Hoy no escribo calle,
porque callé manos a tiros,
balas atravesaban
como a presos fugitivos,

escribí andén,
para enterrar la infamia,
entre vías de este tren
que se llevó mi infancia,

hoy seré su piel,
pa envolverla con caricias,
seguiré fiel a la promesa
de prenderla con cerillas,

Hoy seré cartel,
para anunciar puta a la vida,
necesitaré modelo a la deriva,
cámara y bebida

Sólo me enseña el tiempo, que sin preguntar me da respuestas.

Me duele el labio de tanto besar, de tanto reír, de tanto jugar, me duele la lengua de tanto tocar, de descubrir, la luna en el mar.

Faltaron sueños que cumplir.

Y realizar sueños que nunca quisiste... Y, ¿por qué? Porque sigo empeñado en lo que nunca existió.

Esperé hasta las mil para nunca ver mi meta. Amanecí sólo, tumbado en la arena de una playa negra, ensombrecida por un eclipse que destellaba, despuntando en el horizonte e indicando aquel reto inalcanzable del que sólo yo tenía conciencia.

Era temprano, y un aroma dulce y sensual conmocionó a mis ojos malheridos, de nuevo, sangrantes, como en los últimos tiempos, en los últimos días, últimas fechas mal recordadas, peor acabadas tras una tormenta de retórica inconexa.

No puedo interferir de nuevo en tu memoria, pero seguiría transcribiendo ese código que te enseñe mis actos, para así poder ser consciente de lo que estoy pasando, ese tiempo, en el que no puedo más que acordarme de aquel momento en el que quisiste que yo dijera que nos recordaríamos para siempre.

Faltaron sueños que cumplir, besarnos en arena de playa, bajo la oscuridad de la noche y la luz de las estrellas, que falla, ya no brilla, ya no baila, llueve.

Y en tinieblas exijo otro fin que me permita no morir, que me conozco todo tu armario y sé que nunca me dejarás aquí, así, rogándole a tu mirada un perdón, me arrepentí, ni siquiera soy así, no hay excusa, soy cautivo en un encierro que espero no dure hasta el fin.

Sombras.

Sufrimiento desbocado que lleva a una ruina inquieta, tinieblas desatadas en una caverna maldita, repleta de fantasmas que representan un pasado que nunca quiso ser presente para ser recordado.


Ahora no puedo contar, relatar, dichas ocasiones en las que quise ser enfermo para que el mundo comprendiera mi causa.


Quise ser esclavo de una ley innata que me hiciera crecer en una agonía eterna, de la que sólo yo fuera responsable, para así ser consciente de lo que mis metas me exigen.


Nunca fui vulnerable, y aprendí a nunca entender ofensas. La ironía es obvia, será parte de la esquizofrenia compulsiva que me lleva a describir los confines de un final inmediato que no tiene en este mundo su tumba.


Así podré algún día llorar. Irónico. Irónico, porque aquello de lo que pude hacer gala, mi orgullo incomprensible, atenuado por mi timidez, que aconsejaba ser cauto en la tarea que el destino quería imponerme, fue lo que devastó la tierra dónde quise hacer crecer la esperanza de la eternidad.


Sólo de este modo, ebrio como quien lo quiere todo, podía encontrar mi objetivo.
Hoy, de nuevo, es la misma la que no me permite soñar, y no se llama insomnio, se llama contingente sin la gracia y sutilidad de la letra que asemeja al número.


Fié mis bienes, todo lo que me catalogaba, diferenciaba, connotaba, a una musa esporádica que mintió ser eterna.


Oh, mentira, puta seas, tú, y la vida en la que participas. Hoy no soy humano, porque no cumplo funciones.
Ni siquiera sé soñar, pensar, divertirme.
Quizá sea animal que sólo pide, que sólo reclama una libertad exigente, aquella que pueda otorgar el bien que otrora fue considerado como necesario.


Ni siquiera sé escribir, teclear en las rectangulares piezas táctiles de mis notas, pero, ¿Acaso es eso lo que debe importarme? La respuesta es obvia, porque este diario, mi diario, hoy no será convertido en publicidad de una vida cualquiera, sino en simple descripción de lo que quise, nunca tuve, deseé y no logré.


Aquello que quizá sí sea sueño, porque la consciencia se confunde con éste. Pero de nuevo, no seré yo quien decida si esto tiene sentido, porque ni siquiera lo busco.


Quizá busque ser amigo, pero reconozco que, aun no arrepintiéndome, la amistad puede herir a quien quiero más, a quien más he querido, por lo que hoy, este sueño que ahora sí decido reconocer como tal, se convierte en una despedida con la que pido no regresar, nunca jamás.


También diré que son cosas que se dicen, pero prometo no devolver con sangre aquellas heridas que ya han cicatrizado, aunque sigo sin poder asegurar que alguien se empeñe en abrirlas.

Antes solía volar...

El tiempo pierde mi norte, rompió mi brújula y esconderá mi pasado.


Soy lo que la experiencia quiere que sea, estoy donde el viento me lleva, hacia un futuro incierto del que sólo espero la muerte.
Ya no puedo descansar.
Mis labios saben a sal.


Estoy cavando mi propia tumba a mordiscos, llenos de ansia involuntaria, efímera eternidad de un deseo execrable, denigrante e intransferible.


Soy hedor del hambre que me acosa, no puedo caminar con muñones en el asfalto, quema, duele, me expulsa.


Este mundo no quiere ser para mí, sólo espera convertirme en rehén de su dimensión temporal.
Soy esclavo, y me mandan morir.
Soy enfermo, y me envenenan.
Soy naufrago y no puedo nadar, porque me cortaron las extremidades con las que antes solía volar.
Puta.


Siempre se dice que muchas personas se cruzan en tu camino, pero son aquellas con las que te paras un instante, un stop que parece eterno, las que definitivamente lo marcan.
Otras, simplemente, lo tuercen.


El problema surge cuando es el mismo el que te hace frenar en un momento de tu vida y te pierde de manera que no sabes qué rumbo seguir, esperando que alguien en quien puedas apoyarte, encauce tu vida hacia algo más claro, mar de la tranquilidad que aúne contradicciones entre color, forma, y figura.

Me perdí en tus labios.

Deseché mi fortuna
por un beso agridulce,
cesa mi conspiración,
la Luna me reduce,

es tarde,
pero deduzco que ahora salgo,
de este laberinto maniatado
desterrado por un salto,

en picado,
a través de la muralla,
ríe, calla, salta,
del recinto acantilado,

un vaciado irrevocable
que no hable de defectos,
lo sé, no soy perfecto,
qué merezco y qué he rogado,

¿Lo dudas?
Prefiero este lamento sólo
a acompañado de otro infierno,
para ocultar mis lágrimas
de aquel que me hizo daño,

otro año,
el pasado es amargo,
sabe así tras tu intención
de querer ser lo que valgo,

pasado,
el pasado es siempre igual,
somos polvo residual
de lo que fuimos y olvidamos,

y es que sólo recordamos
que nos marcan malos sueños,
un vagón lleno de engaños
que ni llorando deshago.

lunes, 11 de junio de 2012

Fuego Fatuo.

Volví por no calar, por no bailar sin gravedad y por ser de nuevo extraño a quien conoce la verdad.


Fatuos faroles de estampas blancas, florales, de seres ciegos que vagaban por un campo sin riego sanguíneo, muerto y encarcelado, encaramado había un perro que ladra y se traba y no acaba porque se desangra su cuerpo inmundo, crudo y desaliñado, que emanaba el fruto de la muerte que ríe y siente y que se calla y miente si dice ser dulce, porque el roce de los sauces a la orilla del río vital, acaba viral con la mente hospedadora de quien se aferra y absorta a la idea sublime de que quien no ríe, llora, y desmiento tal falacia y arrogancia sin pretexto porque soy experto en la inferencia y a mi modo deduzco la falsedad, siendo entonces pesadilla o realidad el debate que ocupa mis horas que a las letras les debo lealtad.

Destiempo.

Hice que el pretérito de "amar"
fuera "enloquecí"
y ahora he sido mar
para dormir,
sumergido en su sino,
sueño que nací vencido
por mirar,
aquel rostro de muerte,
tiniebla y tempestad.


Escucho al viandante clarividente,
que ríe infame de su sombra aletargada,
nigromante y magia negra
enterrada entre su sangre,
sepultada en un cadáver
que corre en el aire,
a la espera de ser disonante,
anodina, fulgurante herida
que lleva el rostro cortante
de su hacedor suicida.


Tierra en paz asemeja
el polvo que deja
la tempestad tras la calma,
su alma, su esencia,
la herencia que la natura salva
de inclemencia,
el viento que arrecia,
de tiempo que lleva
al delta del monte en las estrellas,
de luz azul de Luna
que busca fortuna
tirando una moneda al río,
de frío de hielo
y el velo de otra sombra,
de muerte, de rabia,
de sabia venenosa de encina
que avecina esta tormenta.

domingo, 10 de junio de 2012

Noches de bailey's con hielo.

Faltaron mil posturas
y noches de bailey's con hielo,
haciendo mil locuras,
alcanzando el quinto sueño.


Ella solía decir que le gustaba aquello, y a mi me encandilaba su forma de mirarme en el momento.
Yo era víctima en el sueño, acosado por el revólver de sus pupilas, que inquebrantablemente se erguían, helaban y ardían en mi piel, desorientando a mis hormonas, que no sabían qué hacer, movilizando mis caricias hacia donde no podrían volver, para que la adicción fuera dolorosa, cristal, cocaína iridiscente, estelar, para que una vez me fuera no volviera a trasnochar.
La experiencia supo hacer brotar aquel talento dormido: conocer, mirar, imaginar, palidecer, por una mujer.
Y quién sabe si será de nuevo engaño, aunque ya sepa que la vida es estafa.
Será que es pequeño ese lado, de la realidad, salir ya de tu casa, emprender, volar, donde ya no pueda verte y así ver otra intimidad en el cuerpo desnudo de quien me sepa hacer soñar.
Es otra realidad proyectada en el epitafio de aquel que dijo una y no más, aquel cuyos engaños lo ahogaron en su propio mar, aquel que dijo extraño y ahora ya no puede hablar.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ese, hoy soy yo.

Ese que camina sólo, de voluntad inquebrantable, por el infierno de calma y tempestades de silencio, es hoy reducido a cenizas, convertido en polvo y dispersado por un aire conmovido que ahora se compadece de él.
El vendaval sugiere que algún día se arremolinaron los cabellos de ella sobre el cuerpo tímido de él. También había sido excusa de sus sueños, protagonista, aquella morena con la que por fin se sentía a gusto escribiendo algo que, sin embargo, nunca sería leído por su mirada avellanada.
Ayer quería estar en su pensamiento para ser por fin el agua esperada en sequía, el sexo de quien lo necesita, la sangre del asesino, la esencia infinita, y así poder cambiar.
La indiferencia no me es indiferente, persigo su mirada inconsciente, y así puedo salvarme del hundimiento.
Y ya lo dijo uno, que la vida era naufragio, pero quizá sea triunfo si llego a puerto vivo.

lunes, 4 de junio de 2012

Recibí a la vida con un ansia insólita, y me di cuenta de que no era para tanto.

Recibí a la vida con un ansia insólita, y me di cuenta de que no era para tanto.

Es que no es vivir, es lo que lo dota de significado lo que constituye su esencia, la esencia vital. Somos viajeros de un mundo que nos lleva a la tierra, de un ciclo que se renueva a lo largo de un tiempo en el que estamos inmersos, y es éste el que determina lo factible y lo no factible, entre las numerosas potencialidades existentes y aun sin descubrir.
Por eso somos pequeños juguetes del tiempo, en un escenario inabarcable e incomprensible, como incomprensible es para la hormiga el concepto de kilómetro.
Es una maqueta sin dueño, una simulación de algo que nunca existe, y nosotros pasamos la oportunidad de la vida como si ésta existiera sólo para nosotros, creyendo que nuestra vida es nuestra. Y en cierto modo es así, pero no deja de ser absolutamente dependiente de los factores externos, y otra vez, del tiempo.
Por eso la vida en sí misma no es importante, es un producto más de lo condicionado espaciotemporalmente, pero nosotros, en un ansia creadora de manipulación, conceptualizamos la esencia vital como un todo al que se debe subordinar el otro Todo en el que el primero se incluye, el Mundo. Y esto, es contradictorio, pues supone obligar a que se someta aquello en virtud de lo cual existimos, esto es, hacer que el Todo por el que "somos" quede subyugado al todo individual. De este modo aparece el desequilibrio, que culminará con un dinamismo insostenible por el que la suma de nuestro pequeño todo particular destruirá el Todo que nos dio la vida.
Y, volviendo al principio, ¿Qué debe darle significado a la vida? ¿Cómo debe ser la esencia vital de cada uno para que todas las esencias vitales se complementen y no excluyan?
La respuesta es tan problemática como lo es la mente humana. No existe una ley moral absoluta de la que todos debamos participar, pues lo que algunos consideran justo, otros dicen que es injusto, y lo mismo con los valores del bien, el mal, lo oportuno, lo bello...
Sin embargo, sí que debemos tener una prioridad para que todas las esencias vitales puedan coexistir: que nuestro todo particular no consuma el Todo del que proviene más que en aquella proporción que las circunstancias tilden de oportunas.
Es decir, el desarrollo sostenible del mundo y de las relaciones humanas, conservar esta totalidad para que las generaciones venideras puedan satisfacer sus necesidades y apetencias, tanto vitales como sociales, evitando sobreexplotaciones y rivalidades. Así al menos daremos tiempo a nuestros sucesores de elaborar una ley moral lo más absoluta posible, siendo esta labor la tarea principal del filósofo.


sábado, 2 de junio de 2012

Hasta entonces, si me preguntan, diré que te olvidé en otros labios, Suerte.

Quiero olvidarme de prejuicios y lanzarme a un vacío en el que el destino no me alcance, y así ser dueño al menos de mi suicidio... o de mi rescate.
Pero algo lo impide.
Quizá sea morbosa esa vida de pruebas de fuego, o aquella de ilusiones breves y eterna agonía, pero ahora eso es lo de menos.
Quizá debería saltar de una vez, besar el suelo con los dientes y adornar la estampa con mis huesos hechos trizas.
Quizá debiera ser naufragio y ahogarme de una vez entre cuatro paredes blancas, y así tener por fin el destino que se le reserva a los capullos, y se nos otorga a los genios. Porque, ¿Qué hice mal? No, no, yo nada, de eso estoy seguro, pero no desmiento que mi verdad relativa pueda matar personas.
Eso me lo preguntó la chica de la camilla después del ataque, y yo sólo pedí que desconectaran el corazón artificial que me mantenía con vida.
Pero quizá, y sólo quizá, alguien me recuerde y me perdone. Eso sí, le dará igual a mi cadáver mugriento.

jueves, 31 de mayo de 2012

Vida con-movida.

No sé decir te quiero
en el idioma de mudos,
me dejaste sin aliento,
me robaste los sentidos,
y ahora que me faltan
no puedo ni oír tu voz,

sé lo que dices, te delatan,
la dulzura y tus despistes,
pero arrojé al mar
un mensaje cifrado
que ninguna sirena supo adivinar.

Y qué hacer para ser marea,
subir tras la caída
sin tropezar con la arena,
si siempre ocurre igual,
la nada me condena
por no saber nadar,
y por estar siempre en la huída
ya no sé ni caminar.

Ya sólo me queda
oír al viento susurrar,
que la vida es un regalo,
que no se puede tirar,
que si la veo en otra calle,
estará lejos, se olvidará,

buscaré en la noche refugio
y a la Luna pisaré,
me morderá de nuevo la vida,
y yo seré cartel para adornar,
su alquiler,
porque se vende como las putas,
la vida, y su papel.

Ventana tapiada.

Arde, que te quiero ver arder. Irracionalidad de memoria,
romanticismo de hojas secas
y no de primaveras,
de papel escrito en verso
con sangre ritual,
sueños rotos,
precipicio infernal,

desprecio a la sombra
del caminante extraviado,
que ve nublado
cuando impera el cielo azul,

suena una sirena
de canto mortal,
en una laguna cercana,
donde veo la Luna asomar,

y ya ni sé dónde escribir,
mis sueños,
se los llevó el mar,
que es más lo que calla,
que lo que dice su mirar.

Informe hojarasca
de conjuros de sangre,
es la vida que me lleva
donde ya no quiere nadie,
con veneno en su saliva
y sin fiera que la calme,
veré que no hay salida,
que no hay nada que me salve.

Bienvenido a un universo
de proporciones áureas,
donde encontrar en el suelo
lo que buscas, lo que amas,
por haber caído de estrellas
el polvo de aquellas hadas,
que ahora gritan y estremecen
al haber perdido alas,
al que ve cuando amanece
aquellas hadas que no existen,
o eso dicen cada mañana,
son solo sombras las luces
que ves en tu ventana.

Divagando.

Sustancia en combustión,
en efímera existencia,
que no conoce su esencia
ni posible solución
a ese fuego que quema,
ese ardor,
ese dolor que emana,
que rema en contra del amor.



En aquel claro de Luna el césped era suave y fresco, y me animaba a seguir con ímpetu la búsqueda de mi amada. Ella, aunque inexpresiva, siempre sabía sacarme una sonrisa, me daba todo lo que yo necesitaba, y conocía cómo complacer con sus detalles.
Ahí estaba siempre, ella, vi como una pancarta que proclamaba su nombre a los cuatro vientos, anunciando la presencia de mi diosa particular.
En un instante el universo se tiñó de negro, y todo lo conocido era miedo y oscuridad. Las sombras murieron, reclamaban su protagonismo desde el averno. Tras la intensa lucha conseguí salir -no sin heridas- de aquel cuerpo envolvente, mórbido y fúnebre, y seguí, iluminado por una luna amarilla y mil estrellas espías, mi camino por el cementerio. Cogí mi pala y mordí mi camisa de cuadros para saborear los restos sanguíneos que la manchaban. La siguiente se llamaba Lucy, o eso ponía en su epitafio.

Soy fin.

Me hallo perdido en la más profunda virtud pragmática, soy un fin al que han desembocado mil causas, soy consecuencia de la necesariedad de mi destino, de la efimeridad de mi paso, y de la eterna agonía en la que me sumergí por azar.
Ya no sé reír, ya no sé soñar, y ahora me planteo si podré seguir soñando, o si las pesadillas protagonizaran las pocas horas que dedico al descanso. 
Así ocurre últimamente, así quiere verme la suerte, intentando alcanzarla con probabilidades nulas de éxito.
Esta mañana ella decidió cambiar mi destino, pudo elegir hacerlo, privilegiada, a cambio de un beso en un portal de madera barnizada.

lunes, 28 de mayo de 2012

Ya quité las espinas.

Hoy soy sensación, sé volar sin temer caer, soy libertad sin cadenas y sin el fantasma de la culpa.


Puedo sentir, puedo gritar, puedo ser aire y que me lleve el mar, o que me entierre entre espuma y tempestad.


Puedo ser yo, y nadie más, puedo escribir sin mirar atrás, porque el ayer es papel que mandé quemar, polvo de tierra fría, hoy volverán todas las cartas respondiendo mil por qués, mil quizás.


Y ni la espera me respeta, porque soy dueño de mi tiempo, ahora sé poseer lo que algún día me esclavizó.


Puedo lanzar puñales al aire sin miedo a acertar, puedo reír, puedo cantar, me puedo alegrar si sé que tú no estás, y aunque estés, me da igual, eres polvo residual que baila en otra ciudad.


Hoy ya no soy jardín, para plantar, las espinas de un rosal, seré naturaleza y así pintar, dibujar, desmentir que ya no sé soñar.

Labios del Sur. Lengua prohibida.

Hoy estoy hecho de cera, porque mi vela se funde, deja de erguirse como solía.
Ahora que todo cambia me encuentro inmóvil, sin excusas para huir de un futuro que se hará efectivo, y siento frío, me encojo.
No sé ni qué callar, ni qué decir, qué escribir...
Pero ella algún día, por lejano que fuera ese horizonte que compartimos, me enseñó aquel idioma en desuso, inutilizado por el tiempo, que lo acribilla en un intento inútil de transformar lo eterno en mortal.
Aquella lengua nocturna, que sólo yo conocí aun siendo ella esa musa.
Es la de los sueños, que se escribe con reflejos y pinceladas impresionistas, redactada bajo el pulso silencioso de mis manos sedientas.
Mis manos compartieron sus labios con los míos varias veces, pero mi lengua tardaba en aprender la suya.
La culpa fue mía por perder el norte en aquella estrella de los pecados del sur.
Ahora que lo recupero, busco un nuevo sur donde perderlo, y no aprendo: saber esa lengua no sirve para nada si soy el único que la conoce.

Enemigos de la eternidad.

Somos instantes únicos, lugares festivos de magia, sueños cumplidos, recuerdos, olvidos.
Somos parte indisoluble de momentos efímeros, compañeros del viento, enemigos de la eternidad.
Somos lo abstracto, hacemos brillar al día, damos sentido a los sucesos, los protagonizamos, los somos.


La totalidad del tiempo es un reto inabarcable que no plantea ya nadie.
Hoy soy sensación, hoy soy material, cumplo el requisito que designa mi voluntad, aleatoriedad.
Hoy escribo, porque supe leer, mañana restaré si aprendo a sumar derrotas.


Mi ser es relativo, único, engullido por palabras que pierden el tiempo y se perderán en él, en un ciclo infinito e invisible, naufragando en la indiferencia.
Pero no me preocupa, no soy menos, ni más, soy otro, y este otro, soy yo, mi proyecto, mi meta, el fin al que desembocan mis apetencias, requerimientos, obligaciones, derechos, y libertades.

domingo, 27 de mayo de 2012

Quiero ser poeta.

Quiero ser poeta,
quiero escribirte mil versos
en tus labios con la lengua,
quiero ser poeta,
dejarte derretida con mis besos
en la boca,
quiero ser poeta,
dejar la puerta abierta
y caminar,
vete si quieres marchar.


Quiero escribir mil versos
en tus labios con la lengua,
desnudarte con la imaginación,
que vuelvas,
y apropiarme de un rincón
para que experiencias nuevas,
no sepan a desolación.


Si no soy yo, quien será,
la Luna mira mi solución,
que yo no sé, que no está,
y ya no tengo ni sensación,


Que una vez, quiso marchar,
ahora no encuentra la Luna el Sol,
que yo ni sé por dónde va,
quiso bailar sola ¿por qué será?


Si algún rey, quiso reinar,
aquella tierra que se inundó,
será que fue, será que vio,
que bajo el agua quedaba yo,


Si no estás, si te marchás,
vuelve aquí a mi lado para olvidar,
que no soy yo, que cambié,
soy poeta escribiendo en tu piel.

aMuse.

Escribí cien cartas, me acordé,
pero nunca llegaron a puerto,
hoy son sólo barcos de papel
que naufragan con el viento.


A veces no lo entiendo,
esta mañana descubrí
que podía ser amante,
en aquel tren, aquel raíl,
aunque fuera otro el vagón,
son mismas calles de Madrid,
aunque fuera otra la musa,
con la que ahora soy feliz.


Aunque antes no entendía,
ahora ya sé comprender,
que aquella musa decía,
lo que no debía hacer,
y no lo que merecía.


Esta vez no estuve sólo,
ella quiso acompañarme,
donde el frío nos congela
y no hay nadie que calme
mi sentido más preciado,
la necesidad de aquel pecado,
la carne.

sábado, 26 de mayo de 2012

Yo elijo.

Hoy pensé que el viento me podía llevar adonde quisiera, a rozar la piel de una nueva musa inspiradora.
Creía que vosotros, los sueños, nunca volabais sin estrellas por la noche, para no perder vuestro rumbo hacia nuestra mente.
Me equivoqué, no vi estrellas, ni siquiera la Luna sonriendo, sólo vi el rastro de quien supo brillar y ahora estorba como sombra.
Ahora creo que sé dónde encontrarla, siguiendo la estela inquebrantable de mi instinto y su esencia aromática.
Se repite de nuevo aquel automatismo ludópata de quien sólo se rinde ante la humillación.
Sólo calla y piensa que si lo que la vida censa son profundas reflexiones guardadas en la despensa, has de abrirla y caminar a la deriva, hacia lo que determine la suerte.
Y quizá perder el tiempo nunca fue tan productivo, yo lo prefiero llamar inversión arriesgada a plazo indefinido.

Long Play.

Te odio, vale,
pero no le diré a nadie
que para olvidarte pulsé el play,
si no me crees te lo repito,
y a los hechos me remito,
necesito que me calme,
en otra cosa pensaré,
no seré fiel.


No rebobiné,
y ahora escucho acompañado
que no solo seguiré,
borrón y cuenta nueva
cantinela de LP,
seré sólo y con otra
nuevo día,
nuevo amanecer.


Música de fondo,
sinfonía nocturna,
fui perdido en la penumbra
de aquel lodo en su sombra,


Luces de neón,
azul escondía,
la Luna dibujada con razón
en su tumba,


Mirada reprimida,
mil castigos que cumplía,
creció inclinada a un bien
que no sólo la torcía,
la minaba.

viernes, 25 de mayo de 2012

El ciclo suicida de un enamorado autómata.

Estoy solo en un silencio que molesta, y grito, escucha mi última palabra, lee mi último escrito, lo necesito, no levantes tempestades de pánico, demuestra con tus ojos que no matas con arsénico.
Estoy envenenado y la cura inalcanzable, condenado a vagar irreconocible mente errante, por un desierto singular de arenas kamikazes.
La sequía es ahogante, inquebrantable mi voluntad de navegante, que nada sola en un mar de cenizas y arrogante, que escupe fuego y saluda a su amante, la soledad incipiente que aflora.
No reparo en lo que atrás ha quedado, no busco en lo infinito explicación a mi desamparo, sólo me limito a ser fiel esclavo de pasión encadenada, falsa libertad de alas cortadas, viajero sin camino, sin estrellas en su cielo.
El silencio tortura mis oídos con una rabia desconocida, usurpan recuerdos misceláneos que intercalan dolor y carne, incesante el martilleo de la ausencia, acomete a mi memoria afligida.
Pero tal vez sea hoy aquel mañana esperado, tal vez haya sido juzgado, y tras la condena, liberado de mil penas, porque veo en el cielo estrellas, quizá sea primavera, quizá resurjan las velas que han estado esperando, que quisieron ser quemadas, y fueron ahogadas en anoxia.
Seré de nuevo jugador de riesgo, para que sea infinita la posibilidad de acertar y fracasar, porque cada acierto esconde detrás lo que no cabe esperar.
Así llegaré al ciclo suicida de un enamorado autómata, controlado por unos impulsos que no son míos, no surgen de mi cabeza, son independientes.
Ese control acabará conmigo, pero esta noche fue lo que me hizo empezar, otra vez.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Esta Noche no salió la Luna Llena.

Esta noche no salió la luna llena,
esta noche, prefirió vestirse de morena,
teñirse de oscuro,
cielo azul de primavera,
para llorar tu ausencia,
la soledad severa,
se verán mis lagrimas,
mi párpado se cierra,
el que viera las que más,
abrirá el tesoro que encierra,
cierra, la ventana,
se escapa, vuela,
la fiera,
la tristeza de aquella noche,
no salió la Luna llena.


Beben ninfas, doras dulce,
el agua, refleja, tus pies,
reflejan los porqués,
reflejan mis porqués.
Suspiros por solo acariciar tu piel,
cien heridos versos,
serán mil si sigues fiel.


Y esta noche,
estar a tu lado quisiera,
y que enamorado venciera
malos momentos del pasado.
Esta noche,
la lluvia recorre el cielo,
forma un velo que no borre,
que oculte de lo fiero,
que prefiero que si corre,
siga adonde te llevo.


Es mi mundo,
el de los sueños,
muchos son los años
que viví iracundo
siendo esclavo de mis dueños.


Eran deseos, lo carnal,
lo espiritual no importa,
son solo quieros, no se cumplen,
se abren al cerrar otra puerta.
Se abrió aquella,
la de luz, tiñó de magia bella
todo de color azul.
Azul de tus ojos,
del mar que sella lejos,
el portal de la distancia,
que pasa entre azulejos y colores,
tu fragancia.

Escondidita dentro de mi auricular.

Verte calladita susurrar,
escondidita dentro del auricular,
inhalando te puedo escuchar respirar,
¿lo oyes?
Acabas de expirar el aire
que me lleva a caminar.


Verte con la luna,
estrellas en las alturas,
la noche brilla oscura,
la ráfaga se tiñe de azul,
azul claro, azul mar,
azul de hielo, de tus ojos,
qué más da,
el azul se ha redefinido,
y no le importa al cielo
porque no se lo ha tomado a mal.


Y en el instante, de la salvación, corriendo llegaste, me traes la solución, revolución.
Tú me lo confirmaste, te quiero princesa, te quiero un montón.


Con su tacto me convierto, siento un fulgor emocional, desata la ira divina de mi mente irracional. Sin saber de qué se trata, qué produce en mí esa fugaz estela de azul, que presurosa se arrepiente de haber retado a mis ojos. Enloquecer por tratar de seguirlos, es un pasatiempo eterno del que no escapo. Alargar mis dedos para llegar al cielo, sentir el roce de una nube en las puntas, y quedarse aún lejos de tocar la luna. Entonces la luna crece, se acerca, se mece terca, impasible ante los ojos que la buscan desde cerca.

Billete de ida.

Un suspiro.
La flor mira.
Cielo azul.
Esperanza blanca.
Cogí de un tren sólo billete de ida.
Rumbo incierto.
No se si hay salida.
Las ventanas hacia el mar,
las nubes blancas,
sólo vida.
No quiero olvidar,
no quiero perder tu calma.
Tu fuego calienta el hielo
que se derretía.
Se mece la cama y la luna juega,
sonriente con las estrellas,
corren a atraparse unas a otras
y ninguna lo logra.
Y en la prisa del camino,
dejé la ventana abierta,
se derraman suspiros
de la dicha incierta.

No cantes en el mar, hazlo aquí a mi lado.

La mar se mueve,
serena y furiosa,
deseosa de que algún marinero se la lleve.
Los cristales se empañan,
se ve sólo nublado,
es mejor que lloren las nubes
que no el sol apagado.
El susurro de las olas,
me acompaña al caminar,
al buscar entre suspiros
que no voy a olvidar,
tu dulce voz,
tu sonrisa,
y tu forma de mirar...
Esta noche, la luna nos sonríe.
No olvides traer tus besos,
que sin ellos no hay quien me guíe.
Esta noche, las estrellas nos saludan,
son hermanas de tus ojos,
frías e inseguras,
parecen claro hielo
que se funde cuando dudas.
Y en el mar se izó la vela blanca,
la que marca la inocencia.
Velo por su permanencia,
que me quieras es la marca,
que hace de tu esencia
mucho más intensa, de plata.
No cantes en el mar,
o mi barco irá a naufragar,
canta aquí a mi lado,
para recordar cómo ha pasado...

Quisiera ser aire para pasar por tus labios cuando respiras.

Quisiera ser aire para pasar por tus labios cuando respiras,
cada exhalación que das,
cada vez que suspiras.
Ser agua para fluir bajo tu pecho,
sentir tu corazón latir,
acecho tu pulso que no puedes reprimir.
Ser tu cama y abrazarte cada noche,
pues sería derroche perderte a la mañana.
Ser la ventana, y verte amanecer,
de día bajo el sol y la luna al anochecer,
parecer brisa y correr entre tus cabellos,
bellos destellos,
estrellas al oscurecer.
Que si puediera ser todo eso,
no querría elegir para pasar a peor situación,
pues ahora que me siento querido como soy,
puedo prescindir de insignificantes deseos
que cubres en cada beso.

Fluye.

Fluye como el agua por la ladera, como la lagrima sobre la mejilla, inundando a veces campos infinitos de memorias y pensamientos.
A veces, el líquido esteriliza la tierra. Otras, sin embargo, llenan con esperanzas, los campos, de alegrías e ilusiones que germinarán antes del último ocaso.
A la llegada de la noche, un embriagador aroma recorre presuroso mis venas, bombeado rítmicamente por un corazón que ahora late como nunca había hecho.
Es tu recuerdo, tu imagen, la de tu rostro, la del sonido melódico de tu voz, y de tu calor.
El cielo impresiona más ahora, pero su estrella más brillante está a mi lado, no es el cielo el que se refleja en el mar, es tu mirada la que tiñe lo demás, y asciende al infinito con el simple deseo de hacerse hueco entre sus hermanas fugaces.
No tardé en descubrir que el tiempo jugaría en mi contra, aliándose con el espacio.
Cuando estoy a tu lado, el tiempo se para, si, mi corazón late con mas fuerza, y te beso con toda mi pasión.
Pero cuando no estás cerca de mi, el tiempo se hace eterno, y la única fuerza mayor que me obliga a seguir tus pasos desde la distancia, es el amor que siento hacia ti.
Fluye como el agua, fluye. Regando corazones, ábrete paso hacia lo oscuro. Ilumínalo abriendo los ojos y cerciórate de que sigo a tu lado, pues si he conseguido estar aún de tu mano, nada habrá que las separe ya.

Echar de menos.

Echar de menos es abrir los ojos y no ver tu mirada, abrir las manos y no ver las tuyas calentándolas, reirme solo y no ver tu sonrisa, recordar tu voz y no escucharla, sentir calor y no ser tus besos los que lo provocan. Es caminar sin Ti a mi lado, como navegar con un barco de vela por el océano, sin rumbo, donde la espera quiebra los mástiles de mi felicidad, pero refuerza mis ganas de querer ser reparado con tu llegada. Echar de menos es despertar cada día, y ver mi otra mitad vacía, no querer abrir los ojos para poder seguir soñando tu mirada, querer que la vida sea un sueño para que estés siempre a mi lado, escribir palabras mudas pero llenas de significado.
Echar de menos es anhelar momentos, momentos del pasado, pasado a tu lado, recordar esa luz con que la vida me has dado, haber naufragado sin tí, por no haberme acompañado.
Echar de menos, es dibujar con la mirada, mis recuerdos, y pintar con el pincel de la esperanza, tu regreso, desear que cobre vida y poder darte un beso.
Es anhelar la esencia que te envuelve, que te hace única, tu presencia es la clave, que inspira mi música.
Echar de menos es decir te quiero sin mirarte, imaginarte en otro lado, yéndonos a besarte. Suspirar cada momento, recobrar el aliento, te echo de menos, pequeña, si no lo digo, miento.

Con centro de caramelo.

La luz de la estrella se filtra bajo lo enmarañado de tus suaves y oscuros cabellos. Hace brillar aún más cada uno de tus ojos, cada uno de tus dientes, tu sonrisa, tu mirada, tus labios y tu cuello, relucen aún más de lo que suelen.
Y el calor se acentúa en época de flores, donde florecen también sentimientos que aguardaron salir en su letargo, y que ahora se liberan con renovado ímpetu, haciéndose notar con cada beso.
Ahora las hojas juegan dejándose mecer por un viento que se ha llevado el frío, la soledad, la tristeza, la oscuridad.
Las estrellas salen ahora más tarde, aguardan a ser descubiertas por curiosas miradas que dedicamos al cielo.
Y yo no tengo que levantar la mirada para encontrar mi estrella. La que me guía, mi estrella. La que ilumina mis noches, me acompaña en días, susurra cada minuto y besa cada instante. La que hace más llevaderos los días mas oscuros. La que reconforta mi ánimo con su simple gesto. La que me da ganas de querer parar el tiempo, y que los abrazos puedan ser eternos para dar paso a un soñar que nunca termine. Es tardeeeeeeeeee me voy al saco, a sobar...digoooo....a soñar.

lunes, 21 de mayo de 2012

Dámelo Todo.

Dame tu sonrisa dame dame tu calor y tus ojos,
que ya te vas deprisa
y no me dejas comértelo todo,
Que si te vas,
yo me quedo solo,
Que si no,
más te extrañaré a ti a mi modo,

Cuando besas,
siento fuerte cuando besas,
mi cabeza,
siento mucho que me queda,
que me quedan,
recuerdos tristes,
que olvidar con lo que dijiste,
que te diera ese abrazo,
que nos unió.

Otro nuevo día amanece con azul casi todo,
que cada noche fría cierras con fuerza tus ojos
que si no estás,
me quedo mirando,
que si fallas,
las horas siguen pasando,
que siguen rozando rápido
alcanzando tempestades de pánico.
La ola, sumerge,
recuerdos pasados,
ven conmigo,
donde no nos alcance,
ven a mi lado para salir de este lance,
que si nos coge estaremos empapados.

Ven hacia la luna,
yo te haré de guía,
trae contigo tus ojos,
tu sonrisa,
trae todos los recuerdos,
ven deprisa,
trae tus besos,
que la noche, será fría.

Llegaremos arriba
donde el cielo llora,
pero marchan nubes
como hacían antes,
Azul tiñes el cielo,
se reflejan ahora,
Tus ojos brillantes,
preciosos diamantes.

Fue Ella.

Puedo conocer,
poner más de mi parte,
se mirar y no volver a tropezar,
ya solo quiero,
saber consolarte,
acariciar, mover, cielo, tierra y mar,

Ven aquí a tumbarte,
y a ser parte importante,
celebrar que nos preocupa el caminar,
y no el camino,
ven conmigo a imaginar,
pensar en lo que digo,
recordar lo que te pido,
que si sigo y no me paras,
lo habremos conseguido,
seré yo el que habla
y el vacío mi suspiro,
estaré recordando solo,
todo lo que vivimos.

Tengo que luchar,
quiero besar tu boca,
ver que todo vale
y cuanto cuesta la derrota.

Si merece la pena
caminar por tu olvido,
es que no supimos
bailar con lo vivido,
hagamos que un suspiro pase,
y recuerde otro momento,
dormido entre tu cuerpo,
entre el viento de una tarde
que acabase,
y que domasen,
segundos el tiempo,
que parasen para siempre,
sería todo un acierto,
ver que miente el separarse
y olvidar todo lamento,
que me gusta casi todo
y en quererte me concentro.

Son mil noches de una nada,
de una velada olvidada,
las que pasa en mi encerrada
tu sonrisa y tu mirada.

Que puedo hacer,
si no encuentro solución,
dejar arder silencio
y quemar el corazón,
siento como una caricia
que me embarga de pasión,
hagámoslo deprisa,
ven a mi habitación,

Que es sentir lo que nos une,
nada nos separa,
somos aquel que asume,
que la vida nos depara,
quererte de momento,
espera que te cuento,
que si acaba es por el viento
que llevó nuestro perfume.

Todo se ve mas bonito cuando voy contigo a mi lado
porque todo se ve desde otro punto de vista
desde el de aquel enamorado
que no quiere que el tiempo exista,
y que a pesar de que resista,
no puede dejar de besar tus labios.

Es mi corazón,
encerrado en una botella,
lo que liberaste de su prisión,
y que el tiempo se la lleva,
a un lugar de pasión
donde solo puedan vivir
mis labios con los de ella.

Haces que te quiera,
que mi corazón se detuviera,
pensase que eras un hada,
y que tu mirada lo viera.

Camino en la noche,
a perderme entre las sabanas,
no puedo parar
de pensar en tus lagrimas,
las que causan mis errores,
las que causan tus temores,
me levanto a la mañana
y pienso que estoy preso,
veo el verso en cada beso,
y me lleno de temblores,
es lo que tiene pensar
en otros tiempos mejores,
volar sin frenar
y dar rienda suelta a mis emociones.

Quiero ser contigo,
como la luna y las estrellas,
ser inherente a ti,
que con tus labios sellas,
un pacto entre nosotros,
que corre en nuestras venas,
que vosotros los sueños,
nunca voláis sin ellas,
son la clave, esas estrellas,
tu mirada,
y mi forma de verlas.

Fue en cada cruce,
donde cometimos un error,
se hacia oscuro y sin luces,
sin culpa ni perdón,
hacíamos mil locuras,
jugabas con fuego y corazón,
perder los papeles
y encontrar el borrador,
escribíamos aventuras,
un sueño revelador,
concluye un te quiero,
lo demás ya se lo llevó,
el viento desolador,
que de mil cosas que hacemos,
siempre queda el amor.

Sexo.

Esta madrugada me desperté de un sueño profundo. Creía que esos sueños eran mas largos. Me equivoqué. Las sabanas ataban mis piernas y mi sudor empapaba la cama. Tenía calor, mucho, y deseaba beber del agua que fuera llovía. Cada gota irrumpía en mi cabeza con el ímpetu de los grandes océanos, oscuros, tenebrosos, y cuya inmensidad apesadumbraba mis pensamientos. Era sin embargo agradable escuchar esa vocecilla bajo aquel monótono sonido. Otra vez, la misma voz, la que siempre me sigue adondequiera que vaya, como un fantasma impertinente o un hada mágica cuya compañía siempre se hacía notar.

Me desperté de nuevo. Silencio. Tras la tempestad vino la calma, y con ella aquel susurro desapareció. Pero ahí seguía, oculto bajo el manto de mi ignorancia, aquel que no me permite conocer lo que yo mismo sé.
Otras veces había advertido esa voz de manera distinta, pero aquella noche su constante deseo me hizo asegurar un objetivo.
Desde que mi cuerpo es dueño y esclavo de mis pasiones, no paro ningún día de pensar en lo que supone complacerlas en la compañía de aquella mujer de aspecto seductor. Me engañaba, me hacía creer que la quería, y eso solo escondía algo mucho más íntimo: la necesitaba.
Sus cabellos brillantes caían sobre su pecho, y contorneaba la figura que todo hombre querría acariciar, aquel dulce rostro de ojos fríos que quemaban por dentro. Era preciosa, y ella lo sabía, no era su voz la que me despertaba por la noche, era la necesidad de oirla la que cobraba vida e impedía mi sueño.
Tan sólo habían pasado semanas desde que estábamos juntos, pero esa necesidad vital de ser suyo, parecía que llevaba queriendo salir desde hace mucho más tiempo.
Ya era de día, y mis pensamientos se perdían como cada mañana entre los cereales del desayuno. No estoy loco, lo juro, no pienso en ello por estarlo, pero quizá tenerlo en mente me lleve algún día a la perdición. Mientras recogía mis cosas de la habitación, pensé en cómo sería aquella tarde de domingo a solas con aquella mujer.
Las cinco, quedaba ya muy poco. Ella apareció como de costumbre, con una camiseta ajustada de tirantes que realzaba su excitante figura, y con aquella sonrisa que se ponía para mi. Era fuego, fuego lo que sentía, necesitaba quemar mis instintos, calentar su aliento con el mío, hacer que todo aquello fuera como el sexo más pasional que uno pudiera imaginar. No tardó en descubrir mi torso desnudo, la temperatura subió de repente, y me sentía cachondo como nunca, pero como siempre. Sus manos recorrieron cada centímetro de mi piel y sus labios rozaron los míos solamente un instante, suficiente para suscitar el derroche de pasión. En seguida brotaron mis instintos, que habían permanecido en vida latente durante algún tiempo. Por fin, ya quedaba poco, bajaba sus manos por mi cintura, mientras besaba mi vientre, desabrochó mis pantalones con una prodigiosa habilidad, e hice lo propio con el sujetador que ocultaba en parte su figura. Tiene un pecho precioso, envidiable, que me gusta besar todo lo que puedo, me hace sentir algo increíble, un éxtasis pasional que hierve la sangre y me hace desvariar. Te dio igual, era tuyo, podías hacer conmigo mil locuras, ponerme como sólo tú sabes, controlando cada movimiento, cada beso, frenando adrede mis impulsos y eligiendo los apropiados para tu propio disfrute. Eso me pone, que domines la situación, que hagas conmigo lo que quieras, ser tuyo por un momento, justo antes de que pasemos a la acción y sea yo quien tome el mando. Mientras agarras mi cuello me miras y sonríes. Soy tuyo, me tienes, haré lo que quieras. Después sigues con tu actuación erótica, poniendo en contacto tu cuerpo ardiente con el mío, juntando ambos sexos que piden lo mismo, ser uno solo. Me agarras del pelo, ahora quieres que te bese, tú estas abajo y verte así me encanta.

domingo, 20 de mayo de 2012

Revisando nuestras fotos.

Todo acabó como predecían nuestros cálculos irracionales, el instinto.
Con la habilidad de quien se sabe experta en el arte de la seducción, acarició aquellos labios contra los míos, que imploraban ser mordidos por aquella huidiza suculencia protagonista de todo su rostro.
Ella siempre apretaba mi cuerpo contra la pared, en un intento involuntario de hacerse conmigo, y luego fuimos dos enamorados buscando refugio en la suavidad del sueño. Pudimos soñar con volar, con ser felices, jugar entre las risas de amistades perdidas con el tiempo, pero elegimos ser el sueño del otro.
En ese momento la lluvia irrumpía con su particular monotonía el silencio blindado, y yo me sentía de pronto aliviado, pensando en la eternidad de ese instante efímero, que siempre quedaría en algún rincón, esperando a ser rescatado por otro yo que supiera cómo salir de los problemas.
Pero hoy ese recuerdo no me ayuda. Hoy es el candidato perfecto para ser causante del peor momento del día, aquel en el que no puedo parar de pensar lo que fue, lo que pudo ser, y lo que ya nunca será.

Y cómo no acordarme de quien lo fue todo.

Que yo solo voy si tu vienes,
y si vienes me encontrarás
que ya sabes lo que tienes,
que ya sabes que te quiero,
que jamás verás
un amanecer igual.

La suerte me regaló un día tu sonrisa,
una tarde cualquiera y todo sería brisa,
en mi ventana sólo llovía,
y en mi pecho sólo ardía,
sólo quería darse prisa.

Y todo sigue igual,
ya nada cambia,
solo somos polvo residual
que baila,
en el viento,
seguimos fuertes como antes,
mirando desafiantes ese tiempo,
que no calla,
que ni deja hablar,
que enfada y entristece
por no poderte mirar.

Y aunque camine,
nunca lo dejo,
no soy yo, eres tú,
no me quejo,
te recuerdo,
tu voz, tu pelo y tu azul.

Perdí el sueño, y añoro no dormir.

El amor es el único complemento que nunca pasa de moda.
Todo comienza de forma improvisada, aparentemente inocente, como un virus que penetra en un organismo y cuyos efectos no son apreciables hasta que ya es demasiado tarde.
Llevas toda tu vida sumido en la más profunda ignorancia, sin saber qué es el amor, imaginándolo como un síndrome beneficioso, un estado alegórico de bienestar, un momento hiperbólico de felicidad, hasta que te contagias de un sueño que se repite cada noche, y cada mañana aunque no duermas, un sueño que impide cerrar los ojos sin evitarlo, una locura que deja en indefensión al que la sufre.
Después te das cuenta de que un porcentaje importante de lo que determina tu vida está constituido en gran medida por aquella persona que te infectó.
Entonces llega lo más dramático, esa sensación que te empezaba a llenar y que se convierte en costumbre, desaparece dejando un hueco que nadie más sabe ocupar.
Y es en ese instante en el que reflexionas que lo que nunca habías tenido se convierte en una necesidad vital. Ya es tarde.

viernes, 18 de mayo de 2012

O tal vez si.

Escuché implorando a las estrellas
Ser charca pestilente de veneno,
A una mujer rubia de ojos claros,
De cuerpo informe y aspecto sereno,
De sagrado perfume,
Desagrado perverso.

Hoy noche, seré jardín para enterrar prejuicios,
para ocultar la cara oscura de la Luna,
que permanentemente espía,
inconscientemente ofende.
Citaré al enterrador, y allí llegaré yo,
con mis alas y mi cuerpo
en la falsa perfección.
Hoy escribo para ti
con una lengua que no conocen tus labios,
¿Me pruebas? Seré cruel,
desprestigiaré hasta la última gota de tu esencia,
la esencia que algún día fue positiva,
ahora encarcelada en un odio irracional.

Tan sólo diré, que no fue para tanto.

Ella.

Se cree muchas veces perdida, 
pero yo la encuentro sin buscar,
será que es pequeña mi herida,
será que no vuelve a sangrar,
será verdad que mi vida,
ya no vuelve a girar,
será que mi suerte separa,
caminante,
y caminar.

Amaneció en mi cama,
dulce niña que acompaña,
mis sueños y mis versos,
cada vez, cada mañana,
cuando sale el Sol,
cuando cierro mi ventana,
cuando sólo somos dos,
y a ti te enamoraba.

Fuimos huidizos,
me escondí en un sueño,
conseguí ser dueño,
de curvas, y de rizos,
de viento y tormenta,
de tiempo y una vela,
que se funde, y desespera.

martes, 15 de mayo de 2012

Mi particular cuarto creciente, su sonrisa.

Tengo una herida fulgurante,
de una sirena muda
que nunca supo cantar.
El arma fue su cuerpo,
asedió mi voluntad,
durante días de lamento,
decidí irme a conquistar,
aquella isla virgen,
aquel regalo del mar.

-Vine a este lugar -te dije,
-por no buscar en otra
lo que encuentro en tu mirar,
ahora el tiempo es favorable,
ya podemos bailar,
lo que es inevitable,
se llama enamorar.

Y es que te fui a buscar,
sirena en el mar,
donde encontré tu sonrisa
en tu forma de mirar.

Ayer me enamoré de ella,
pasó en el cielo,
miré a una estrella,
y te conocí otra vez.
Iba de cortos, sonrisa pícara,
con medias en sus piernas rodeando su piel,
quise acercarme pero no podía,
quería demostrarme que soy fuerte,
y no lo logré.
Caí en su sonrisa,
sus labios y sus mejillas,
su nariz fina y pequeña,
su pelo cortando el viento,
su mirada otra vez.
Y no es la primera noche que la veo,
pero como si lo fuera,
anduve en un camino sin gente,
y sin camino,
solo veía el final,
y quiero estar contigo,
verte mientras vivo,
ser más que un amigo,
y poderte besar.

domingo, 13 de mayo de 2012

Enfermo.

Reniego de mis impulsos, de mis temores al miedo, me acobardo. Una estampida vírica penetró con brusquedad las vías, las arterias y cada capilar sanguíneo hacia una meta. Se retuerce y grita, es un espectáculo execrable, digno de ser condenado a cadena perpetua en las mentes más retorcidas. Su voz tiene cada vez menos fuerza, resuena débilmente a través del ensangrentado aparato fonador, y sólo repite "lo siento". Su arrepentimiento es negro, demasiado oscuro para ser tenido en cuenta, oculto entre la luz de la pureza virgen de su otra cara. Y no sangra, se duele, pero su sufrimiento no expira, se calma, para revertir su efecto devastador en un tiempo indeterminado. Estaba enamorado, esa era su enfermedad, servir a una mujer culpable, denostada por un odio naciente, que da importancia a su objetivo, en un intento vano de ser así más claro, menos confuso.

viernes, 11 de mayo de 2012

Una Ciencia impura. Una Racionalidad nefasta.

Soy un fiel escriba al servicio de una inspiración discontinua,
una musa dulce que aprende a ser amarga,
una ciencia impura,
una racionalidad nefasta.
Cuando veo que no llega,
muevo viento y marea y tiempo y espacio,
y nunca sé cuando parar.
Acabé por respirar un aire rarefacto,
por beber un licor de ninfas,
nacer todos los días
y morir entre las letras,
Y nunca despertar.
Quizá ya no esté cuerdo
y solo quede desvariar,
quizá ya no recuerdo
como reír, como soñar.
Ahora sueño, y soñando vivo,
porque vivir es soñar,
el sueño del cadáver,
que quiere reír, quiere cantar.
Esta noche el azul profundo,
el dorado estelar y el negro infinito,
mañana el amor será un ciclo
que repito,
de colores diferentes pero mismos adjetivos.
Y queda la luz más clara,
cuanto más corto es el camino.
Y queda la voz más cerca,
más cerca de mi oído,
pero nunca sé cantar.

martes, 8 de mayo de 2012

Casualidad.

Ven, que yo sigo haciendo sueños donde la luz impide miedos y los cielos se parten. Dos mitades se cubren con su velo, al tiempo que delaten entre el pelo, la inmensidad que aquellos fueron, sus ojos de fuego azul. Emiten luz propia, se apropian de pensamientos, otros cientos de sentidos y otros tantos de euforia.


Soy un fiel escriba al servicio de una inspiración discontinua, una musa dulce que aprende a ser amarga, una ciencia impura, una racionalidad nefasta.
Tiene un perfil delicado, y separado del odio por una estrecha fila de hilo invisible, que suelo atravesar sin cuestionar, y aparentar caminar, mientras vuelo en su horizonte sin gran habilidad.
Se cree muchas veces perdida, pero yo la encuentro sin buscar, será pequeña mi herida, será que no vuelve a sangrar, porque la tengo sin pensarlo, en mis manos, en mis brazos, pero en mis labios escribo prohibido con un cúter de metal.
Es difícil, guiarme en la noche sin estrellas, hice imposible lo fácil, se las doy aunque no quiera, pero nunca las cuelga de su cielo personal.
Y sé que no está abarrotado, que tengo otra oportunidad, hoy mi suerte me dio de lado, pero quiero intentar, arreglar con ella mi instinto, mi sentimiento, echar a volar, encaminarme hacia donde quiera el viento y encontrarla, por casualidad.